miércoles, 20 de mayo de 2020

Soltando lastre.

Esta mañana iba en el coche a encargar una lápida, no hemos podido hacerlo hasta ahora, estaba todo cerrado y no se podía viajar, mientras escuchaba música y conducía pensaba en como me ha cambiado la vida, como mis preocupaciones ahora son otras, es muy seguro que yo no sea la única que haya cambiado el chip, que me haya planteado la vida de otra forma, pero es lo que tiene la vida que nos ha tocado vivir.
Niña Despeinada Vectores, Ilustraciones Y Gráficos - 123RF

Mientras iba pensando en lo triste de mi viaje por el encargo y porque iba a ver a mi familia y aún me da miedo tocarlos, por si enferman por mi culpa, pensaba en que ya no me preocupa tanto la ropa, lo que me voy a poner y lo que no, en realidad llevo tres meses en chandal y dudo que me abrochen los vaqueros el día que me los quiera poner. Pero me da igual.

Pienso en que tengo el pelo de casi cuatro colores, marrón, gris, rojo y otro tono de rojo que en la caja aseguraban que no era permanente pero no se quiere ir y que ha crecido alocadamente en este tiempo y no me preocupa.

Pienso en que he engordado casi 4 kilos y no pasa nada.  Y que desde que he vuelto a pasear en vez de 3 me hago 9 km y no me hago la remolona.

Pienso que aún puedo ver a mis padres, aunque no los abrace, en que mis hijos están en casa, sanos y felices, quizás demasiado felices en una burbuja, mega protegidos por mi parte, que les grito cada vez que salen ¡ La mascarilla ! ¡ Los guantes ! ¡ El gel para las manos ! Pero yo soy así, necesito saber que están bien, aunque no esté en mis manos evitarles todos los males.

Esta mañana mientras conducía, me acordaba de la visita que le hice el otro día a una amiga y las lágrimas de vernos desde el otro lado de la acera sin poder darla un abrazo.

Pensaba en la frase que se me ha marcado a fuego en la cabeza y cuanta razón tenía quien me la decía " esto que estamos viviendo va a hacer que salga la verdadera cara de las personas " y creo que es verdad, que cada uno está actuando como realmente es.

El que se preocupa y te llama casi todos los días, aunque solo sea para decir hola.

El que está muerto de miedo y necesita un abrazo aunque sea de lejos.

Los que no han dado señales de vida y luego vendrán como si nada.

Y es entonces cuando me doy cuenta que tendré que ir soltando lastre, que hay personas que después veremos de otra manera, con las que merecerá la pena sentarme en una terraza y abrazar y con las que no tendré nada que hablar.

Porque todo lo que nos pasa nos va formando y desde luego estos meses del 2020 serán inolvidales para todos nosotros.

viernes, 15 de mayo de 2020

Fase 1


Estamos en fase 1 , somos la única localidad de la zona que tiene horarios por sobrepasar los cinco mil habitantes. Los momentos en los que puedo salir a pasear los disfruto como si fuese la primera vez que veo las montañas, las nubes, el campo...

La naturaleza se ha recuperado más en estas nueve semanas que en años y años.

Los seres humanos no nos hemos extinguido ya porque somos muchos, pero nuestra tendencia es la autodestrucción, en cuanto salgamos del lío en el que nos encontramos y podamos volver a ir a cualquier parte comenzarán los incendios, la basura por todas partes y la naturaleza será la que vuelva a estar enferma. Una pena.

Como no puedo salir de mi localidad para dar el paseo he empezado una ruta de calles, plazas y barrios a los que no iba hacía años. Este era uno de esos sitios, curiosamente está a menos de 10 min de mi casa.

Mientras paseaba me he parado a pensar en la suerte de vivir en un pueblo, además de disfrutar del silencio, de la naturaleza, en esta pandemia la tasa de infectados y de mortalidad ha sido infinitamente inferior a la de las ciudades.

Eso no evita que tengamos que seguir todas las medidas de seguridad y normas que se han dictado para protegernos, aunque es un inconveniente también, ya que en cuanto la circulación de las personas sea libre por todas las comunidades nos vamos a llenar de gente que lleva el confinamiento entre cuatro paredes de un piso, viendo la casa del vecino casi sin cumplir los dos metros de distancia saludable entre ellos.

A ver si todas estas semanas de encierro nos han dejado algo de tiempo para poder pensar en las cosas que podemos hacer o en las que no debemos hacer para mantener la naturaleza que nos rodea un poquito más sana y seguir disfrutando de vistas como esta.
Si subís el volumen se escucha a los pájaros.


sábado, 2 de mayo de 2020

Preparativos


Ilustración de Hombre Militar Con Fusil Pistola Personaje De ...

7,30 AM, suena el despertador y le doy un manotazo, después de un par de minutos me acuerdo que es el primer día que podemos salir a dar un paseo sin disimular con que vamos a comprar el pan. Me levanto con la misma ilusión que un crío el primer día de colegio.

Desayuno sin encender la tele, para no perder el tiempo y comienzo a prepararme para salir, porque los paseos de ahora ya no son como los de antes, de gorra y gafas de sol, nooo, eso ha pasado a la historia y ahora me preparo mucho más.

Bajo a la cochera y me cambio de zapatos, dejo mis calcetines zapatillas en las escaleras, me pongo las botas de pasear que me cuidan los tobillos, solo me faltaba dañarme otra vez el tobillo.
Me cuelgo de bandolera un pequeño bolso con el monedero, unos pañuelos de papel, unas toallitas para las gafas, un coletero de repuesto y una bolsa para cuando me den la vuelta de la compra.
Después preparo una mochila con una bolsa dentro para guardar el pan que voy a comprar a la vuelta y unos guantes.

Me pongo un chaleco para tener cerca otros guantes, el gel desinfectante y otros pañuelos, además del teléfono.

Ya he perdido casi 10 min de mi preciado tiempo y aún no he terminado, me pongo la gorra, la mascarilla y me cuelgo al cuello una funda de teléfono en la que llevo el mando de la cochera para no tener que tocar nada y abrir sin tener que desinfectarlo todo. 

Según estoy saliendo por la cochera pienso en una de mis series de culto Fear the walking dear y entre risas pienso que solo me falta el machete para defenderme de los zombis, es una pena que este bicho no se vea, sería más fácil luchar contra él y la gente sería más responsable. 

Durante mi paseo apenas me paro con nadie, procuro hablar a una distancia de más de dos metros si es que me paro, generalmente me cruzo de acera para no coincidir con los que han pensado que el permiso incluía abrazos, chocar los cinco e incluso besos.

Cuando termino el paseo y para aprovechar la salida paro a comprar el pan, el que está dentro de la tienda no tiene guantes, ni mascarilla, entonces me da pena no haber traído un machete y matar al idiota que va a conseguir que volvamos a quedarnos en casa todos otros 50 días. 


viernes, 1 de mayo de 2020

En guerra

Después de 48 días en casa, con tele trabajo que más bien se podría llamar esclavo trabajo, porque no tiene tope de horas, me paso las tres cuartas partes del día en una habitación de unos 15 metros cuadrados, sentada en mi sillón favorito, con unas zapatillas/calcetines que creo que han sido la mejor compra que he hecho en mi vida, veremos a ver el día que me tenga que poner unos zapatos de verdad que va a pasar con mis pies.
Me siento junto a mi balcón y trabajo, con la tele encendida, generalmente con pelis de muchos tiros y poco diálogo, los pies en alto y el pc en mis piernas. Mi única conexión con el mundo exterior es mirar por la ventana y pensar en lo afortunada que soy por tener un gran campo y mas de 300 m hasta las casas de enfrente.

Veo pasar a la gente ( que simula ir a la compra ) a los que sacan a su perro, a los que tienen hijos y los dan un paseo, los pájaros, las cigüeñas, todo un privilegio en estos tiempos que corren.

Hace una par de semana cuando mi estado de ánimo no estaba en su mejor momento, un camionero decidió dejar aparcado frente a mi ventana un camión tan grande que llevaba en la parte de atrás una excavadora, creo que en algunas ciudades hay pisos más pequeños que ese camión.

Ni corta ni perezosa y de buena gana me asomé a la ventana y le pedí que no aparcase frente a mi ventana que llevaba mucho tiempo sin salir y era el único consuelo que tenía en todas las horas del día, poder ver la calle. El señor camionero, me miró se rió entre dientes y se fue.

Gran error por su parte, porque no me conoce, reconozco que soy un pelín obsesiva con algunas cosas y cabezona, su sonrisa burlona se convirtió para mi en una declaración de guerra oficial. Y a mi no me gusta perder.

Cuando esa tarde noche me senté a trabajar solo veía ese mastodonte amarillo de hierro y mi cabreo iba en aumento.

A la mañana siguiente en cuanto le escuché que se llevaba la mole, salí disparada de la cama, bajé al garaje y saqué el otro coche que tenemos, calculé el punto exacto en el que tenía que aparcarlo para que le resultase imposible dejarlo frente a mi casa esta tarde, coloqué los dos coches, uno en cada lado de la calle y esperé.

Según iban llegando los vecinos que trabajan fuera les iba indicando donde debían dejar sus coches para impedir el aparcamiento del camión , sorprendentemente me hacían caso y como todos tenemos dos coches como mínimo, la calle quedó sembrada de coches a ambos lados y las cocheras vacías.

Durante casi diez días el camionero no ha podido aparcar en nuestra calle, venía, miraba y se iba, pero hace dos días las medidas de aparcamiento se relajaron y quedó suficiente hueco unas casas por debajo de la mía y ha vuelto a dejarlo allí. Dos días ha tardado otro vecino en declararle la guerra, esta mañana en cuanto se ha marchado he comprobado como uno de los implicados sacaba su coche y lo dejaba en el sitio en el que hacía dos minutos estaba el camión.

Si él tiene mala leche, nosotros tenemos mucho tiempo para pensar y mirar por la ventana como sería estar paseando en vez de mirando y eso es algo que no le voy a permitir que me lo quite.

domingo, 19 de abril de 2020

El soldadito de plomo


                                                 



Ayer fue uno de los días más triste de mi vida, sentada en mi coche en medio de un paso de cebra después de recoger una documentación muy importante, me arranqué la mascarilla de la cara, dejando mis pelos como una bruja, me quité los guantes y comencé a llorar como no lo había hecho en mucho tiempo.

Lloraba por la despedida tan triste que acabábamos de dar a un familiar.
Lloraba porque mi costillo se había pasado un mes diciendo que no se iba a poder despedir de ella y tenía razón.
Lloraba porque vi a mis padres y a mi hermana con su familia a más de diez metros y no les pude abrazar.
Lloraba por ver a mis hijos tan tristes sin poderse haber despedido de ella.

Tanto lloraba que un coche de la guardia civil se paró junto al mio ( recordad que estaba sin mascarilla, sin guantes y en un paso de cebra ) y al verme en las condiciones tan lamentables que estaba no me dijeron nada y me dejaron allí.

Fue un día triste, porque aunque era algo que estábamos esperando, nuestra mente no es capaz de aceptarlo cuando se produce.

Porque la mente, la mía por lo menos es de las que no para y organizo mil cosas, de mil maneras y posibilidades pero luego la vida te pega un buen sopapo y te descoloca todos los planes.

Estaba tan enfadada que me daban ganas por la tarde de salir a la calle sin mascarilla y sin nada, enfermar y listo. Aunque luego me pongo a pensar en todos los que me rodean y lo que les puede pasar a ellos por un acto así y me paso toda la tarde sentada en mi sillón huevo junto a la ventana viendo a la gente que pasea por millonésima vez a su perro o compra la barra número diez del pan.

Mientras miraba al vacío pensaba en que estamos en medio de una guerra, que nosotros somos peones o soldaditos de plomo y que somos prescindibles, que esto es una guerra biológica y económica y que los que la están librando no los conocemos, casi seguro que nunca los conoceremos, y nosotros somos los daños colaterales, en especial los soldaditos defectuosos como el del cuento que le faltaba una pierna. Las victimas más frágiles, más débiles son las primeras que van a caer y después iremos los demás, y a nadie le importa, todo sigue igual.

Que se muere la gente, pues se da el parte en la tele con números, no con nombres, apellidos y fotos.
Que te quedas sin trabajo, pues otro número.
Que no puedes dar de comer a tus hijos, te rayan el coche por ser sanitario, te ponen carteles en la puerta para que no vivas con ellos y estén tranquilos, no pasa nada, solo son noticias de un día y cifras.

Somos prescindibles, ya habrá alguien que se esté haciendo de oro vendiendo mascarillas, medicamentos, comida o lo que sea, que no lo vamos a saber.

Y por una vez en mi vida, dudo que muchas más creo que el señor Trump tal vez tenga razón y lo del murciélago que mordió a la culebra y después un pobre chino la puso en una sopa o al revés me suena más a peliculón del mediodía que a realidad.

Ahora nos enteramos que hace diecisiete años ya hubo un brote de un coronavirus y ¿ a nadie se le ocurrió entonces empezar a buscar una vacuna?





miércoles, 15 de abril de 2020

Hoy

Estoy de bajón, me duele la espalda tanto que he pensado hasta en beberme las ampollas inyectables de nolotil, que no sería la primera vez, tanto tiempo sentada no es bueno, mira que es el sueño de mi vida, no hacer nada de nada, pero lo que daría por poder salir a la calle, vamos que hasta me planteo empezar a correr.

Tengo un libro en casa que es running para vagos. Ni me acordaba que lo tenía, es que hasta para leerlo soy vaga, pero llevo una semana que he movido todos los libros de casa.

Tengo una estantería en la que desde hace años pongo los libros que me quiero leer, la estantería está justo frente al sofá, así me torturo mentalmente pensando en que estoy viendo la tele o jugando al candy crush en vez de leyendo.

Desde que estamos encerrados, ni en cuarentena, ni en estado de alerta, ¡¡¡ encerrados !!! He empezado a leer, es que la tele ya aburre y eso que hay de todo que me estoy tragando películas que son de hace años.

En todos este periodo de encierro he pensado en buscar algunos libros que me he leído hace mil años pero me apetecía volver a leerlo, uno de ellos era un libro que compré cuando aún estaba haciendo la carrera, ya hace tiempo de eso. Lo he buscado una vez, dos veces, tres veces.

Las primeras veces miraba la estantería en la tenía que estar me subía a una silla, iba leyendo cada título, los tocaba, los leía y nada, no estaba. Pero como soy una cabezota pues he seguido buscando el libro por toda la casa, ahora cada vez que lo busco lo hago con una bayeta para limpiar el polvo y muevo todos los libros, limpio debajo y los vuelvo a colocar. Están quedando las estanterías más limpias que cuando las compré. Y el libro sigue sin aparecer, tampoco puedo comprarlo porque no me acuerdo del título ni del autor. No vayáis a pensar que el libro es de filosofía o va a servir para salvar el mundo, es más bien un culebrón de los que ponen en la tele los domingos al mediodía y te ayuda a dormir bien la siesta, pero lo quiero leer, otra vez.

Y esta mañana mientras me duchaba pensaba en todo lo que tenía, el dolor de espalda, el trabajo, el encierro, la casa, la comida, mi adicción a las pipas en la hora de la siesta, mi falta de sueño y las miles de canas que están resurgiendo en mi cabeza y me he acordado de la puñetera canción , la que todas las tardes pone uno de mis vecinos, la que se escucha a todas horas en la radio, la original, el Resistiré del duo dinamico.

Y me ha entrado la risa, no lo puedo evitar, es como cuando escuchas canciones en inglés y parece que dicen frases en español. Pues la famosa canción del duo dinámico me cabrea, cada vez que la escucho en vez de oír resistiré escucho " guesisitiré "

Y mientras terminaba de ducharme me reía y canturreaba guesistiré, guesistiré y no podrá conmigo, ni el encierro, ni las canas, ni el dolor de espalda, ni las miles de llamadas, e-mail, y mensajes de trabajo, ni por supuesto el no encontrar el libro, que antes dejo las estanterías sin una sola mota de polvo y todos los libros colocados por autores y temática.

jueves, 9 de abril de 2020

Las 20 y 20



Acabo de entrar de aplaudir, en un día normal ni loca hubiera estado más de media hora en el balcón con lo que llovía,  pero no lo voy a dejar de hacer, ya no solo por el aplauso a todos los sanitarios, los policías, los autónomos, los dependientes de las tiendas, los transportistas o los agricultores que de todos los sectores viven en mi barrio. porque yo vivo en un barrio normal de pueblo, en el que todos nos conocemos y sabemos nuestros nombres, cual es el coche de cada uno y que tal nos ha tratado la vida.
Un barrio que tiene segundas residencias, donde en verano en las fiestas de agosto ni te planteas mover el coche que te quedas sin sitio para volver a aparcar y es que en los pueblos la plaza de aparcamiento en la misma puerta vienen casi asignada con el número de la puerta, el día que llegas y no aparcas tan cerca que casi metes la llave en la cerradura sin bajar del coche piensas que te ha tocado aparcar lejos y te fastidia un poco, ( no mucho ).
Hoy el tema de conversación ha sido los que no respetan el estado de alarma y no se quedan en casa, los que intentan ir a sus segundas residencias, porque tal como le dijo ayer a un vecino uno de esos " es que en el pueblo es diferente ".
¿ Qué es diferente ? preguntaba yo. ¿ La cuarentena en la casa del pueblo es menos cuarentena ?
Saltarte las normas por egoísmo y poner en riesgo a los que nos hemos confinado en casa y no salimos nada más que una vez cada diez días para recoger la compra que antes hemos encargado por teléfono y así evitar el máximo contacto con esas personas que hacen que yo pueda comer fruta todos los días, con los que arriesgan su vida y cuando llegan a su casa antes de abrazar a sus seres queridos se restriegan la piel hasta casi sangrar.
¿ En qué piensa una persona que antepone su capricho de salir de la ciudad en la que reside y poner en riesgo a todos los que viven en otro lugar? En poblaciones como en la que vivo que solo cuenta con un pequeño centro de salud que en un día normal ya está saturado, cuanto más en una pandemia, en poblaciones en las que las personas mayor de setenta años son mayoría y salen a hacer su compra porque carece de nuevas tecnologías para encargarla.
Donde el porcentaje de enfermos no sube e incluso ha bajado desde que la mayoría respetamos las normas, que locales que las incumplen también tenemos.
Jugando con el futuro o la vida de los que aquí estamos, con los que han tenido que cerrar sus negocios por el bien común y no saben como podrán seguir cuando esto termine.
Después de medía hora hablando, todos los que estábamos en los balcones hemos llegado a la misma conclusión, al que veamos le denunciamos, y no es algo que hagamos por venganza, es por nuestra seguridad y los que conviven con nosotros durante todo el año.
Y si alguno no lo entiende y se enfada, tiempo va a tener dentro de su casa para pensarlo y reflexionar sobre ello.


Camiseria Javier Jauregui, moda hombre, en Las Arenas





las canas

 Hace tiempo que no entro, tanto que he tenido que actualizar la contraseña, quizás mi vida esté cambiando y no necesite reflejar mis pensam...