Mostrando entradas con la etiqueta veranito. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta veranito. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de julio de 2020

Antes y Ahora

Esta mañana estaba intentando aparcar el coche en el terreno que compraron los abuelos de mi madre en el pueblo en el que nos vio nacer a todos y creía que me daba un ataque de ansiedad.

Cuando mis parientes compraron el terreno allá por el 1800 y mucho no pensaron en que algunas generaciones después haríamos unas plazas de garaje y que justo enfrente tendríamos una plaza con miles de pivotes que creo que el que los diseñó lo hizo para raspar y abollar coches.

La primera vez que utilicé esa cochera, hace muchos, muchos años, cuando mis preocupaciones en la vida ahora me dan risa, no hice caso a nadie y me aventuré con mi ibiza y con el seguro a medio completar hasta la puerta. Ya entonces era difícil hacer el giro sin subirse a la acera de la rotonda y no dar a los coches que no respetan las prohibiciones de aparcar alrededor de las plazas.

Después de unos cuantos intentos con un mini coche sin dirección aistida en uno de los acelerones le di tal golpe a uno de los que estaba aparcado junto a la puerta que le arranque el parachoques de la parte trasera. ( Esto lo cuento porque el delito ya ha prescrito )

 Fiel a mi carácter y pensando en que el seguro de mi coche no era muy oficial aún intenté huir del lugar, pero no fui capaz, el coche se me calaba y no me acordaba de todos los pasos que tenía que seguir para salir de la que había liado.

Mientras estaba allí gritando a mi madre que cerrara la puerta de la cochera y se fuese que yo ya volvería sin el coche, escuché a lo lejos como un hombre, que con un ataque de pánico solo era capaz de decir ¡ Mi coche! ¡ Mi coche !

Yo entré en pánico total, era una delincuente, sin seguro, intentando huir del lugar del delito. Hasta que la pobre victima digo ¡ Mi coche , mi coche y no tengo seguro !

Mi mente comenzó a funcionar, paré el coche, no me hizo falta poner el freno de mano porque eso era lo que me impedía huir y bajé.

- Es tu coche? Pregunté con cara de buena.
- Sí, dijo él, con cara de delincuente por no tener seguro.
- Y qué has dicho de que no tienes seguro ? Le pregunté.
- Es que se me ha caducado y no lo he renovado.
- Hablemos, le dije, mil veces más tranquila. Los dos eramos un par de delincuentes, pero él no lo sabía.

Aquella historia aún la contamos en las comidas familiares y mi bloqueo mental cuando después de solucionarlo todo me senté en el coche y me pasé casi una hora agarrada al volante diciendo ¡ Mierda, mierda, mierda! y pensando que me habían dado un coche defectuoso porque con el volante bloqueado no podía ver el cuenta kilómetros y yo no era capaz de girarlo.

Ese día me di cuenta que había empezado mi vida de adulta, el coche era mio, el seguro tenía que haber sido mio y el lío en el que me había metido era mio y solo mio.

Después de eso nunca más he salido sin seguro sin revisar ruedas, aceite y mil cosas más.

El otro día en el paseo mientras subimos una cuesta que ya no nos parece tan grande y que nos permite andar, respirar y no parar de hablar, le comentaba a mi compañera de madrugones lo diferente que era mi vida a la de otras personas de mi edad, las obligaciones, responsabilidades y tareas que yo tengo y las que tienen otros/as.

Yo no tengo un solo día en el que no tenga algo que hacer, apunto en un calendario cada cosa porque es imposible acordarme de todo. Pienso a largo plazo en lo que voy a necesitar y lo que tengo que guardar o ahorrar.

Mientras que otros/as viven tranquilos bajo las faldas de sus padres, sin pensar en la comida que van a tener en el plato ese día o si la ropa estará limpia. Una vida totalmente opuesta  a la mía ni mejor, ni peor, simplemente diferente.

Hoy mientras intentada sacar mi coche de la misma cochera en la que intenté entrar hace 25 años un coche la mitad de grande que el de ahora, no paraba de pitar el aparato que trae de serie que me va indicando en una pantalla que me acerco peligrosamente a un objeto que me va a dar un golpe o romper algo.

El pi pi pi me taladraba los oídos, los 42º no me ayudaban, el sudor rozaba los bordes de mis ojos y tres coches esperaban pacientemente a que yo terminase de maniobrar para seguir su camino.

Ha habido un momento en el que no he salido del coche porque las puertas estaban bloqueadas entre dos paredes de hormigón a menos de 4 cm que amenazaban con dejar su firma en todo el lateral, yo seguía sudando, mi mente ha recordado la otra vez que me ví en un lío en el mismo sitio y si hubiera podido hubiera roto el cristal frontal para huir.

Pero ya no soy una cría que llora cuando la vida me pone un reto, ya no grito ¡ mierda ! dando golpes en el volante cuando un problema me hace sudar. Ahora me paro, pienso y decido.

Y eso es lo que he hecho, he puesto el freno de mano, he recogido los espejos y me he colocado otra vez en la posición de salida, he dejado pasar a los tres pacientes conductores que no han protestado en todo el rato y he pensado que todo tiene solución, que los problemas se resuelven de una manera o de otra, sin pedir a alguien que venga y me saque del apuro, sobre todo porque era complicado salir de un espacio tan pequeño.

Cinco minutos después estaba fuera, jurando que la próxima vez lo haré mejor porque pienso volver a aparcar en la maldita plaza de garaje hasta que sea capaz de hacerlo con los ojos cerrados y el pi pi pi del coche deje de sonar.

Y es que eso es ser adulto, o eso pienso yo, afrontar los problemas y ser capaz de hacer las cosas sin dejar que nos los resuelvan ni huir de ellas.




lunes, 13 de julio de 2020

" El cántaro de leche "

Fábula corta : La lechera | Bosque de Fantasías

Iba la lechera, tralarí, tralará con su cántaro de leche fresca camino del mercado, haciendo sus planes de todo lo que iba a conseguir con el dinero de la leche, de los huevos de la gallina que iba a comprar con ese dinero y mil cosas más cuando zas! se tropezó con el coronavirus y todo se jodió.

Es más o menos así como vamos a tener que contar el cuento a partir de ahora a las nuevas generaciones.

Estaba el invierno pasado un señor recién jubilado tan contento arreglando su finca, sus olivos, cuidando a su perro, yo lo veía tan feliz y pensaba en lo bien que se lo había organizado todo, pero la vida decidió cambiar sus planes y se convirtió en un número más de la pandemia.

Parece cruel o que me he vuelto loca pero es que es lo que toca, como han cambiado los finales de los cuentos, yo que soy de planes, cuadrantes y organizar las cosas hasta con años de antelación, el otro día me puse a leer un cuento que han enviado mis jefes, los que están en los despachos con aire acondicionado sin contacto con nadie, 85 páginas de un cuento de terror, cuando iba por la pág 10 me empezaron a caer gotas de sudor por la frente, en la pág 20 empecé a ver borroso y me daban ganas de vomitar y como cuando intento ver una peli de miedo en la tele opté por cerrar el archivo y olvidarme que lo tenía en el teléfono.

Hoy me he dado cuenta que el cuento de terror al igual que el cuento de la lechera tiene la cualidad de poder cambiar el destino como esos cuentos que me compraba mi madre y que dependían de la decisión que tomase era un final u otro, solo que en este caso la decisión no la voy a tomar yo, me la van a dar y no me va a quedar otra que aceptarla.

No he podido resistir y me la he vuelto a leer la orden esta mañana, en mi despacho de verano, ni terracita recién limpiada ayer a chorro de agua a presión, que tan fuerte le dí que creo que he llegado a los cimientos de la casa, porque el suelo está frío aunque las temperaturas no bajan de 36º.

Lo he leído y me he dado cuenta que todo es mentira, que por mucho que se les cansa la boca de decir que van a intentar facilitar las cosas a los padres y los profesores el curso se presenta muy complicado.

Empezando por lo absurdo de obligar a llevar mascarillas a todos a partir de los 6 años en cualquier sitio aunque haya distancias de más de 2 metros pero que después en clase 26 personas, ellos y yo no haga falta ni distanciamiento ni mascarilla, es decir entro en clase y les dejo que se las quiten, salgo a la calle y les obligo a separarse y ponérsela.

Se van a crear pequeños grupos de convivencia que no van a respetar las distancias, claro como todos los niños son huérfanos  y viven en clase, no se relacionan con nadie en el mundo pues la medida es genial.

Y así podría seguir toda la mañana contando la cantidad de cosas absurdas que he leído en los 85 pág que bien seguro dentro de dos semanas a el o la ( seamos políticamente correctos con la igualdad de genero ) que se le haya ocurrido todas las medidas decidirá que esas no valen y publicará otra nuevas que harán incompatibles estas y volveremos a empezar.

Por eso he decidido que este verano no voy a hacer como he hecho casi todos los años que llevo trabajando y organizar lo que se me viene encima. 

Voy a esperar a que llegue el cántaro de leche al mercado y cuando me hayan pagado por él pensaré en el siguiente paso, total con la que está cayendo a lo mejor me contagio o nos confinan y no puedo trabajar.

Aunque mucho me temo que no me van a dejar y los que están en esos despachos, lejos, muy lejos de donde yo trabajo, a esos les gusta el cuento de la lechera y como no van a ser ellos los que lo tengan que escribir me van a hacer reescribir el cuento las veces que les de la gana y entonces me enfadaré mucho, muchísimo y no seré la única y a lo mejor en vez de el cuento de la lechera termina siendo el comic de The walking dead donde cada uno hace lo que le da la gana o lo que puede con tal de sobrevivir.


martes, 7 de julio de 2020

Con los pies en la hierba

He conseguido uno de mis deseos del verano, ir a la piscina. no sabía si la iban a abrir y hasta el último momento hemos tenido dudas.

Creo que nuestros bonos para todo el verano están entre los cinco primeros.

El primer día tenía tanto miedo a arrimarme a las demás personas que estaban allí que me fui lo más lejos posible, bajo unos robles. Los más cercanos a mi estaban como a veinte metros.

Genial ! pensé, mientras me colocaba bajo un árbol, sacaba mis toallas, porque llevo varias y me ponía mis cascos.  La bolsa este año pesa más que los anteriores, llevo de todo, protector solar, crema para el cuerpo, crema para la cara, pinzas, peine, cascos de repuesto, gel hidroalcoholico, coletero, dos libros por si me aburro del primero, un cojín hinchable, un pareo, un bañador de repuesto, unos pañuelitos de papel, un sombrero, una botella de agua, unas mascarillas de repuesto y unos guantes, sin duda me dañaré la espalda antes de que termine el verano.

Al rato me tuve que cambiar de sitio, los aspersores estaban demasiado cerca y no me importaba que me mojasen, pero el libro era otra historia.

Primer cambio, me vuelvo a colocar a pocos metros, ya no me mojo, pero mi toalla se llena de hormigas, creo que he invadido el hormiguero más grande de la piscina y están enfadadas conmigo.

Segundo cambio, lo vuelvo a mover todo, sillas, toallas, bolsa con todo, esta vez me daño la planta de los pies con unos pinchitos tremendos que hay por toda la hierba.

Gruño, chillo, me quejo, me duelen los pies. Después de una hora no he conseguido leer ni dos líneas y me han mordido las hormigas, clavado pinchos en los pies y mojado con los aspersores. Se me ha olvidado mi miedo al covid- 19 y la cercanía de la gente.

Al día siguiente ya no he ido sola y he decidido sentarme en el sitio de siempre, donde mi mayor preocupación es que me de la sombra el mayor rato posible, la mascarilla a mi lado por si los que van conmigo se acercan demasiado y nuestros brazos se tocan y a disfrutar de los amigos y de la familia porque en los tiempos que corren es los que más me apetece.

Lo de meterme en el agua lo descarto por completo, no lo hacía antes, menos lo voy a hacer ahora, mi idea de una piscina es como los que comparten el agua de una bañera y todos se lavan en la misma, una guarrería. Mocos y pelos de desconocidos pasando por mi cara, puuuuaaaagggg

Y lo de ir al baño intentaré evitarlo por ahora. Poco a poco.

Mi piscina favorita, aunque no lo parezca está al fondo.


martes, 30 de junio de 2020

Pensando

Las 10 de la noche, sentada en la terraza con los cascos puestos a tal volumen que si se cae la casa no me voy a enterar, mi mente no es capaz de parar, hoy he tenido la última reunión del curso ( por ahora ) dentro de quince días veremos que nueva normativa sale y tal vez tengamos que volver al trabajo, es lo que hay y dando gracias por tener un trabajo.

Otros años un día como hoy me he inventado mil excusas para no ir a la comida de fin de curso, no porque mis compañeros me caigan mal, los quiero mucho, además de compañeros muchos son amigos. Pero no me gustan las reuniones de mucha gente en las que te tienes que arreglar.

Este año no he tenido que poner excusas ni en la de navidad por tener la pierna escayolada ni en esta por la situación que tenemos.

Pero no soy capaz de desconectar, mi mente no deja de pensar en trabajo, me he sentado en la terraza y me he puesto a revisar los casi 700 correos que tenía, alguno de ellos sin abrir.

Llevo desde marzo teletrabajando y mi casa se ha convertido en mi puesto de trabajo, no puedo llegar a casa y olvidarme de las programaciones, los estándares, los informes y los miles de correos, que tengo 4 correos activos en el teléfono.

Es el verdadero problema del teletrabajo. Antes cuando llegaba a casa me quitaba la ropa, encendía la radio y hasta el día siguiente y ahora todo es uno.

Se ha creado un debate ahora sobre si la empresa ha de pagar la conexión y el ordenador al trabajador por quedarse en casa y según lo piensas parece una buena idea, porque yo me he tenido que comprar un pc nuevo en estos meses y una impresora que han muerto poco a poco, he utilizado mi conexión a internet y mi luz, calefacción, aire acondicionado estos últimos días, visto así es genial, la empresa me lo paga y yo trabajo desde casa, en pijama, porque seamos sinceros, nadie se arregla para trabajar desde casa que yo ha habido días que ni me he quitado el pijama.

Pero y es que esta vida está llena de peros, a eso de que la empresa me pague todo para que yo me quede en casa le veo miles de desventajas, empezando porque mi trabajo es imposible desde casa a no ser por un confinamiento general, algo que dudo que se vuelva a producir, pero que otras personas por las características de sus trabajos si podrían hacer le veo los mismos problemas, los cuales expongo a continuación:

Si la empresa paga la conexión a internet será suyo? podré utilizar dicha conexión cuando no trabaje para ver películas en alguna plataforma de pago o lo que me de la gana, siempre en mi tiempo libre?
Si la empresa paga mi pc y mi linea de teléfono la podré usar después para lo que quiera?
Y la luz, al agua, la comida si me pagan dietas, cómo lo hago? El menú tiene que ajustarse a lo que me pagan ellos o puedo pedir un día unos langostinos?

A mi eso de vivir en la oficina no me gusta, pero que encima todo sea de ellos y tenga que justificar si me paso con la calefacción o veo  una peli de taquilla un día no me mola, me parece vivir en un estado controlado en todos los aspectos de mi vida y me parece mucho más estresante.

Y si no vivo sola, los demás pueden usar todos lo que paga la empresa? y si en casa dos teletrabajan , lo pagan dos veces o la conexión es mejor?

No sé que responder a todas esas preguntas, que el teletrabajo ha venido para quedarse está claro, que trae muchas ventajas a las personas que decidan o puedan optar a él también lo pienso, pero que hace que trabajemos más y nos tengan también más controlados aunque no estemos todos en el mismo edificio me parece obvio.

Supongo que como todas las cosas, tendrá un proceso y poco a poco se irá adaptando a nuestra forma de vivir y de pensar.

 Yo esta tarde he estado trabajando desde mi terraza que desde luego es mucho más cómoda que mi clase.



lunes, 29 de junio de 2020

" Que vienen los franceses "

Tengo ciudafóbia, lo reconozco, voy a patentar el término, desde que se han abierto las fronteras entre las comunidades voy por la calle intentando identificar a los que se van a cruzar conmigo, cosa difícil que con las mascarillas somos todos casi iguales. Además de habernos vuelto todos medio gangosos que es muy difícil vocalizar con un trapo metido en la boca todo el día.

Pues eso, que me he vuelto ciudafóbica y me da miedo cruzarme con todos los que han salido de estampida de las ciudades después de sus encierros en esos mini pisos en los que viven la mayoría, porque pocos son los que tiene casa de más de 100 m cuadrados y con todo exterior. La mayoría viven en edificios colmenas en calles estrechas, llenas de tráfico y polución, porque los pisos de las ciudades son como las habitaciones de los hoteles, solo para dormir, el resto del día lo pasan en el transporte público o trabajando.

Yo sin embargo vivo en un pueblo en el que el concepto de casa es algo así como " burro grande ande o no ande "

Mi costillo que se ha criado en grandes ciudades siempre quiso vivir en un pueblo y cuando nos compramos la casa el constructor que si te lo cruzas en el metro le das una propina, nos dijo:

- " Y aquí va la chimenea "
- " ¿ La chimenea ? dijimos los dos a coro. Pero si no hemos pedido una chimenea.
- " Ah, dijo él, os la voy a cobrar igual la pongáis o no.

Y allí que se puso la chimenea, que habremos encendido como 10 veces en 20 años, que tuvimos que aprender a encenderla por que no es como en la películas que arrimas una cerilla y sale el fuego perfecto ya con brasas y todo.

El caso en que nosotros vivimos en un pueblo, algo que hasta hace unos meses era un coñazo seamos claros, que si querías unos zapatos o ropa que no fuera del chino tenemos que hacer 70 km para comprarla.

 Pero que cuando el mundo se para y nos encierran a todos en casa resulta que se convierten en auténticos palacios, porque aunque es un pueblo, tenemos fibra, todos los canales de pago que puedas pagar, tiendas de informática y de alimentación y una casa grande, tan grande que puedes hacer deporte subiendo y bajando los 32 escalones, recorrer la cochera como un ratón encerrado, encender esa chimenea que antes ni mirabas, jugar al baloncesto donde antes estaban los coches, sentarte en una tumbona en el patio arropada a una manta o achicharrada de calor dependiendo del día.

Los que tienen la suerte de vivir en una gran cuidad y tardar 2 h en llegar el trabajo apiñados en el bus o en el metro no tienen chimenea.

Esa gente el lunes pasado hizo una carrera a ver cual llegaba antes a la casa de la abuela, que llevaba sin abrirse miles de años, naturalmente sin internet y sin las comodidades que tenemos los que pasamos aquí las 4 estaciones, pero con más metros que en la que han estado encerrados todos estos meses.

Y yo los comprendo, incluso habría hecho lo mismo que ellos, salir corriendo para que me entre la luz por la ventana cuando me despierto, para ver algo que no sea hormigón cuando asomo la nariz por la puerta de casa, pero a mi me dan miedo.

No porque me vayan a hacer nada, me dan miedo por venir de otros lugares en los que la enfermedad ha estado más activa, a poblaciones en las que llevábamos tiempo con pocos casos, ojo, pocos, no ninguno, porque en los pueblos también se muere la gente, aunque a algunos les sorprenda y cuando les informas de la muerte de un ser querido por este virus, te respondan con un:

- " Yo creía que en los pueblos no pasaba "
- " Claro corazón, porque el virus es urbanita y le gusta la contaminación más que los olivos y los castaños, le contestamos.

Y los de las ciudades nos han invadido como cuando era pequeña y todos los de mi pueblo que se habían criado en los suburbios de las ciudades francesas venían a pasar el mes de agosto con su castellano chapucero mezclado con su francés con acento extremeño.

Aparcan donde les da la gana, da igual que sea doble o triple fila, que hoy se ha enfadado uno cuando le he dicho que no me iba a subir a dos ruedas a la acera porque él quisiera dejar medio coche en la calle en vez de en el aparcamiento, van sin mascarillas, no todos, a modo me tapo la barba sin afeitar o la guardo en el bolsillo que seguro que así no la desgasto y entro en los sitios sin ella. Ya van tres tiendas en los que he visto como se les llamaba la atención por no ponérselas.

Y sí, me produce ciudafóbia, por su comportamiento y su falta de respeto, porque yo no digo que ellos tengan  el virus, que 7 de cada 10 que lo tienen son asintomáticos y a lo mejor lo tengo yo, pero con su falta de respeto y su actitud chulesca lo que van a conseguir es que corra entre todos y no lo paremos nunca, y que cuando se les terminen los días de descanso y tengan que volver a sus mini colmenas los que no podemos irnos nos vamos a quedar en un pueblo marcado por las nuevas cifras y un rebrote que nos va a hacer volver a fases anteriores y perder posibilidades de hacer una vida normal.

Trabajo y Prevención Castilla y León on Twitter: "#COVID19 ...

lunes, 30 de marzo de 2020

Mi inglés y yo

El verano pasado me fui de vacaciones a Londres, era uno de mis destinos soñados, me apetecía mucho recorrer todos esos lugares que salen en la películas, las cuales no vuelves a ver igual después de ir en persona.

El viaje fue genial, la ciudad no tiene un solo rincón donde no haya algo digno de ver, de admirar, muy limpia y con gran cantidad de opciones para desplazarse de un lugar a otro, nosotros preferimos ir en plan turistas caminado de un sitio a otro, algo que me vino muy bien y como las otras veces que viajo me ayuda a compensar lo que pudiera engordar por probar todos los dulces locales, incluso pierdo peso, este año según el cuenta pasos hicimos una media de 15 km diarios.

Después de unos días allí con mi familia, que sí hablan inglés, descubrí lo crueles que pueden ser, riéndose de mi cuando intentaba comunicarme con los autóctonos no ocultaban sus carcajadas ante mis esfuerzos por ser entendida.

Soooorrrri, marcando las rrr solo lo decimos los turistas, yo la que más, ellos susurran su ssssori o algo parecido.

Cuando te hablan, ellos no hacen ningún esfuerzo por ser entendidos, siguen y siguen hablando y yo solo escucho, sfffsfffsfff no concibo como pueden decir palabras sin vocales, pero lo hacen, para eso es mucho más sencillo el francés, el portugués y el italiano.

Lo mejor es explicarles que no lo entiendes, " an don nou " es como yo lo pronuncio I do not get it , me dice googel que se escribe, o te haces la tonta, suele funcionar en último caso empiezas a gesticular como si te estuviera dando un ataque epiléptico. Al final te entienden.

A la hora de pagar siempre me tocaba a mi, claro luego la gastosa soy yo, por mucho que los que me acompañaban me decían la palabra yo con decir "tike" y enseñar la visa lo tenía solucionado.

Que soy una adicta al café lo sabe todo el mundo desde hace un año descubrí que la lactosa y yo no somos compatibles, pero eso allí es un problema.

No pretendáis pedir un café como aquí. Frío, con leche tal con poco café... Allí no hay leche sin lactosa solo leche de soja que se pronuncia "ssssoyyyaaa" Daros por contentos si os lo ponen más o menos como os gusta y solo uno que un par de veces la comunicación fue nula y me tuve que beber dos. Carísimos por cierto.

Uno de mis hijos quería comer un cupcake, y yo vi una pastelería, ni me lo pensé entré y en mi inglés con acento castuo les pedí un casssquei. La dependienta me miraba rara y repetía mis palabras, y luego decía noooo.

Yo se lo volvía a repetir un cassssqui y ella nooo.

Entonces miré a mi alrededor y me dí cuenta que era una pastelería francesa y solo vendían macarons, que por cierto sé pronunciar con r francesa.

- Ah, la dije,¡¡ macarons !!
- Yes, yes dijo la chica.

A mi hijo que estaba fuera muerto de risa, le grité, solo hay macarons, ¿ quieres unos ?

Y él entre risas me contestó. - No, esos no me gusta.


No es la primera vez que viajo, pero no me dí cuenta que el concepto de estación de verano y ropa no es el mismo aquí que allí. Yo he ido a un país en otoño y ellos iban en tirantes.

Tuve que entrar en un primark y comprar una sudadera con forro polar porque me moría de frío.

La dependienta se moría de la risa y yo al pensar que había hecho un viaje en avión para terminar comprando en un primark.

Como no sé leer los textos en inglés me descargué una aplicación para el teléfono que poniendo la cámara encima del texto me lo traducía, lo utilizaba para pedir el menú a la hora de comer, por no terminar envenenada, pero no iba todo el día leyendo los carteles, en una de esas ocasiones pude terminar muy mal " Beware horses may kick or bite. Thank you " que viene a decir que cuidado con los caballos que patean y muerden y ¡¡ allí estaba yo haciéndome la foto !! Por suerte no me pasó nada.

La imagen puede contener: personas de pie, caballo y exterior

Mientras disfrutaba de estos días de vacaciones me di cuenta que es una suerte no entenderlos , no podría escuchar música en su idioma y leer, estudiar o concentrarme en hacer cosas si entiendo todo lo que dicen sus canciones.

Pero como el confinamiento se alargue en el tiempo voy a empezar a estudiar inglés y pronunciar con sus sssfff

viernes, 17 de agosto de 2012

" Las vacaciones "

Este año no he estado en las fiestas del pueblo en el que vivo, el programa de actos era idéntico al de los otros años, toros, toros y más toros y entre ellos cañas y pinchos.

Este año decidimos que entre las obras de casa y las que faltaban por venir era mejor descansar de verdad, no sentarnos en las gradas a ver correr a los del pueblo delante de 600 kg de toros.

Hemos ido a una zona de la costa de Andalucía donde solo se ofrece sol y playas, nada cultural en muchos kilómetros a la redonda, los pueblos son muy pequeños y tienen poco que ver, aunque a mi me gustan ese tipo de pueblos, también tienen su encanto.



Paradógicamente los hoteles de esas localidades lo tienen todo, son macro hoteles de los que si quieres no sales en todos los días en los que estás de vacaciones.

Y allí nos hemos plantado, con las famosas pulseritas del todo incluido, la playa a pie de calle y muchas actividades infantiles para entretener a las fieras.

Lo malo de todo este maravilloso plan es que medio país pensó igual que nosotros y el hotel estaba hasta arriba de familias con niños correteando por todas partes, con gritos y lloros. Creo que me crucé con una bloguera  que llevaba un bolso con una de las caricaturas del 15J y no la volví a ver en el resto de los días que estuve allí, de tantos como éramos.

Si no tenéis hijos y pensáis tenerlos " NO ORGANICÉIS UNAS VACACIONES ASÍ " se os quitarían las ganas de ser padres seguro al 100%.

Había niños llorones que arrastraban mantítas llenas de roña, bebés conectados a una table en el comedor viendo a Dora la exploradora, niños corriendo sin agotamiento desde las 8 am a las 1 de la madrugada, la piscina por muy grande que era parecía un meaero de patos con tantos manguitos y flotadores, con tanto padre detrás de las fieras, las tumbonas todas ocupadas y los adolescentes acojonaban de verdad, cuando se hacían los dueños del jacuzzi ya te podías despedir de él. Por mil veces que fuese el socorrista a sacarlos de allí, eran como las moscas cojoneras volvían y volvían.

He de decir que a mi todo esto Plin, será por que soy maestra, o será porque soy madre de dos chillones, en los días que he estado de vacaciones me he leído como 300 pág de un libro, he dormido siestas de casi 2 horas, he descansado y comido como no lo hacía en mucho tiempo. Porque yo en estos sitios me convierto en una madre de las cavernas, con instintos primarios, comer, dormir y cuidar de los cachorro.

Desde que me despertaba hasta que me dormía mi obsesiones eran tres:

- Encontrar un sitio en la piscina donde no me molestase mucha gente y me diera la sombra
- No perder de vista a mis dos cachorros durante mucho tiempo, ( cosa que era fácil o en la piscina o en la pantalla gigante )
- Y las comidas, tener siempre algo para comer, las horas de las cañas, el cafecito, el desayuno, la comida, la merienda, la cena y alguna copita.

Total estábamos de vacaciones y había que disfrutar y descansar, los arrepentimientos ante la bascula y los sudores haciendo ejercicio para perder peso ya llegarían después.

miércoles, 18 de julio de 2012

" Cerquita de casa I "

Me encanta ir a ver sitios, descubrir nuevos lugares, leer cosas sobre ellos, por eso este verano me he propuesto conocer mejor todos los pueblos que me rodean.

Las razones son muchas, pero las que me rondan ahora por la cabeza son varias:

Muchas veces conocemos mejor lo que está muy lejos e ignoramos lo más cercano, además con los recortes, la obra ( que algún día empezarán ) y los cambios en las fechas de las vacaciones de mi costillo, no encuentro nada que me guste para salir fuera, total yo ya tengo terracita en casa, dormitorio con vistas a lo que algún día será un parque, de momento es mucha tierra y algunos olivos, una casa grande con conexión a internet y bares, cafeterías y zonas de baño cerca, que es lo que estoy buscando para salir de aquí unos días.

De momento os dejo algunas de las fotos que he ido haciendo, a lo largo del verano haré un " Cerquita de casa II e incluso III " Ya iremos viendo.

Parque Natural de Monfragüe, al fondo los nidos de los buitres.

















Monasterio de Yuste, Carlos V vivió aquí

 

 Aldeanueva


 1780

 1783

Garganta la Olla   

secando los pimientos en la terraza
 la casa azul, antigua casa de citas o casa de las muñecas

 cerradura de la casa de las muñecas

 las calabazas en la ventana



Jarandilla



Las pilas de Collado




Espero que os gusten, a mi la verdad es que me encanta.

domingo, 10 de junio de 2012

" Casi verano "

Hoy hemos hecho la primera visita del verano a uno de los parajes naturales de la zona, somo privilegiados y vivimos en una zona rodeada de gargantas y lagos, de bosques y prados.


Me ha gustado ir, me ha hecho recordar muchas de las cosas que he hecho y vivido en ese lugar.

Risas, charlas, buenos momentos que no se olvidan y que cuando regreso hacen que me acuerde aun más.


El agua estaba helada y los críos no han parado de tirar piedras.

Ha sido una tarde genial, de las que recordaré las siguientes veces que vaya.


jueves, 12 de enero de 2012

" Me tira p´atrás "

No lo puedo evitar, es algo trascendental, todos los meses de Enero me pasa igual, y no, no es no entender ni " pajolera " de inglés, ni ser incapaz de leer un libro de Paulo Coelho, nooo es algo más trascendental.

Me tira p´atrás el catálogo de trajes de baño de Victoria´s Secret que sale todos los años en estas fechas.

Bikinis que sacan ( los bañadores no están de moda ) bikini que evito comprarme.

Que podría, una cosa es comprar y otra que te entre.

Pero claro, es que depués del atracón Navideño, nos lo ponen en el TELEDIARIO, y lo digo con mayusculas ( que es como se grita en internet ) para enseñarnos lo que según ellos se va a llevar en la piscina o en la playa cuando los calores aprieten.

Y no puedo, me indigna, me pone de una mala leche que no lo consigue ni el ministro de economía con la subida de impuestos o la retenciones fiscales.

Me cabreo tanto que subiría al baño y me liaría a patadas con la pobre bascula ( que no tiene culpa de nada ).

Es que me imagino a una simple mortal con esas mini prendas, porque esta casa lo que hace son mini prendas, cuanto más pequeñas más caras, que además el precio sube proporcionalmente al número de la talla, casi como un problema de matemáticas:

A más talla, menos tela y más cara.

Y pienso o más bien me imagino a cualquier mujer normal con la nueva temporada de bikinis, persiguiendo a sus hijos por la piscina porque han decidido ver cuanto resisten sin respirar en el trozo de 1,80, corriendo, moviendo los mondongos, mientras las telas se incrustan en las carnes intentando resistir sin rajarse y esa imagen no se me va de la cabeza el resto de la semana.

Después yo, como casi el resto de las mujeres del mundo occidental empiezo a hacer propósito de enmienda, nada de chocolate, ni pan, ni hidratos de carbono, ni bebidas gaseosas, vamos que si puedo no respiro, pero ni por esa.

Entonces suena el teléfono, son los amigos, como hemos estado todas las Navidades sin vernos nos vamos a reunir, pero dónde vamos con la guardería que llevamos a cuesta, pues a la pizzería de la localidad.

Zas !! Se jodieron los propósitos de enmienda.

Menos mal que el catálogo de venca sigue vendiendo esos magníficos bañadores faja que les quedaron en stop allá por el 1921.

Otro año que voy a ir en plan Retro a la piscina.

las canas

 Hace tiempo que no entro, tanto que he tenido que actualizar la contraseña, quizás mi vida esté cambiando y no necesite reflejar mis pensam...