lunes, 31 de agosto de 2020

Año nuevo

Hoy es mi cumpleaños, un año más, un año que empezó después de un verano en el que apenas pude descansar por tener que ir a los tribunales de oposiciones de manera obligatoria y que aún no me han pagado lo que me tenían que pagar por los viajes y las dietas de ese mes en el que además de examinar a los que algún día podrán ser mis compañeros me hice 6 mil km de coche en pleno verano, que cuando subíamos en él a las cuatro de la tarde hacía tanto calor que no podíamos ni tocar los cinturones, menos mal que mis compañeros de tribunal y de coche fueron, son, unas personas maravillosas que hicieron que esos momentos fuesen más agradables.

Después parecía que la cosa se iba clamando y terminé tomando las uvas con un par de muletas y un tobillo, el que estaba sano pasando a defcon 2.

Mi deseo de año nuevo no fue ni adelgazar, ni ser más simpática, ni la paz mundial, fue tener una vida normal, sin problemas, se ve que este año estaba en la cola de los deseos o tal vez no se ha producido por no haberme terminado las 12 uvas, que las que compra mi madre son como ciruelas de grandes y un día vamos a terminar en urgencias con la garganta llena de ellas.

Él o la que pidió estar más tiempo en casa era el primero de la fila en la lista de deseos sin duda.

Total que entre la mierda de año que he tenido y que cuando una cumple por última vez un año que empieza por 4 parece que las cosas se ven de otra manera y hoy que es ese día he decidido no ver los telediarios por un tiempo, me recuerdan esas revistas en las que solo salen catástrofes y malas noticias. He dejado de preocuparme por lo que se nos viene encima a todos los que mañana volvemos a las clases, lo estamos deseando pero también estamos aterrrados, 

Tengo una amiga que tiene un bar y me dijo ayer, que el primer día que abrió después del confinamiento se moría de miedo pero que la vida sigue y a todo te acostumbras y eso tendré que hacer o por lo menos intentarlo. Tal vez por eso esta tarde después de pintar las persianas de madera que evitan que las habitaciones de arriba en mi casa se parezcan a una sauna, me he dado cuenta que el suelo de la terraza estaba lleno de chorretones de barniz  que no quedaban muy bien y he tomado una decisión que hace unos años, no fui capaz de tomar, dejo el enlace de esa entrada por si alguien la quiere volver a leer. 


Si me pilla ahora la mancha de la puerta habría durado menos que las de barniz esta tarde, después de medio litro de lejía, otro medio de kh7 y un  bote de disolvente la mancha era ya un simple recuerdo. Ha quedado el suelo más limpio que cuando lo pusimos. 

Eso es lo que pasa con los años, que te hacen ver las cosas de otra forma, lo que nos quitaba el sueño hace años ahora nos hace reír o simplemente ignorar. 

A mi ahora de las pocas cosas que me quitan el sueño son las preocupaciones por mis seres queridos que supongo que no dejaran de preocuparme jamás y las dos horas de siesta que me duermo muchos días. 

Lo demás no está en mis manos, nadie podía hace un año decir que me iba a tocar ir a los tribunales cuando el apellido que salió fue la f y el mio es la p. No podía imaginar que me resbalaría y mi pie quedaría atrapado entre la acera y la rueda del coche con una postura nada buena y desde luego nadie podía imaginar que un virus nos cambiaría la vida a todo el planeta.

Mejor intentar vivir el día a día disfrutar de los que están a mi lado, procurar ser feliz y desear en este cumpleaños que no he celebrado que el año que viene me canse de dar besos y abrazos a todos los que tengo en mente invitar porque empezar una alta cilindrada cumplir 50 tienen que ser algo especial y se merecerá un fiestorro. Aunque sea con cervezas sin alcohol y estando en casa a las 12 con el pijama puesto.

miércoles, 19 de agosto de 2020

Cuenta atrás

A menos de 2 semanas de terminar mi mes de vacaciones, los demás por mucho que critique la gente no han sido vacaciones, por lo menos en mi caso y en el de los compañeros y amigos de la misma profesión que conozco, hemos trabajado este año MÁS y lo pongo con mayúsculas que cualquier otro año, encima ha sido el año más triste. Si despedida de mi grupo desde hace 4 años ni de mi tutoria.

Cuando mis alumnos/as de este año, esos a los que no he podido hacer una fiesta de despedida después de dos años juntos, esos que he visto crecer y madurar, pasar de ser infantiles a una etapa de interés y curiosidad por las cosas, a un momento en el que todo es importante e interesante, sigo que me disperso, cuando me enviaron un vídeo para darme las gracias por hacer lo que tenía que hacer, mi trabajo, con cariño, con  amor, con ilusión aunque por dentro estuviera llena de pena por las circunstancias, apenas pude hablar, mis ojos llenos de lágrimas, mi garganta cerrada por la superación del momento sin poder tocarlos, ni besarlos, para poder dar las gracias aunque fuese con un audio, todo eso me hizo ver lo que ya sabía:

No puedo trabajar desde casa, se que mucha gente lo ha pedido y que es una opción en muchos trabajos, pero igual que el agricultor cuida sus plantas todos los días y el ganadero da de comer y beber a sus crías, yo necesito ir al colegio, ver como crecen mis niños, porque siempre son mis niños, alimentar sus mentes con conocimientos crear en ellos la necesidad de investigar, aprender, conocer, preguntar. Ver como se socializan, hacen amigos y se enfadan con ellos con la misma facilidad. Es fascinante a la vez que agotador el día a día en un colegio y eso por internet no se puede hacer.

Las nuevas tecnologías están muy bien como apoyo a la educación, pero no pueden sustituir una clase y un trato humano, porque la escuela no es solo aprender a leer o escribir o aprenderte los ríos de la comunidad autónoma en la que vives, que los de España hasta secundaria no se dan, con el nuevo sistema educativo por autonomías. ( Eso da para otra entrada ).

Después de todas estas reflexiones quiero decir que " Estoy deseando volver a clase "

¿ Cómo ? No lo sé. La administración como siempre lo deja todo para última hora y delegando responsabilidades en todos menos en ellos.

Sueño con volver a estar en clase, a poder ser una gritona, que les recuerde mil veces que se pongan el abrigo, ahora será la mascarilla, pero tenemos que volver.

Y como siempre seremos los equipos de profesores los que tengamos que pensar y organizar las cosas, porque las pautas generales que se establecen son como molinillos de viento los sueltas y giran dependiendo de donde venga el aire y el aire no siempre sopla desde el mismo lugar, a menos de dos kilómetros de donde está mi clase hay tres centros más, uno con una ratio ( número de alumnos/as  por clase ) de hasta 32, otro con 25 y otro con 4 alumnos por clase, está claro que lo que a unos les va a funcionar a otros no les va a servir para nada.

Seremos los profesores los que tengamos que organizarnos, crear protocolos para si todo es presencial, si la mitad es presencial y la mitad es en casa, si todo es en casa, pero ojo para todos los alumnos/as porque la educación a la carta individualizada, hoy lo llevo, mañana no, este no va a venir nunca y este va a venir todos los días eso si que es imposible, no hay horas en el día para tanto trabajo.

Intentemos entre todos ser lo más precavidos posibles, para que de esa manera la educación presencial que tanto deseamos los maestros sea posible, real y duradera sin brotes que pongan en riesgo la salud de nuestros hijos, nuestros padres y nosotros mismos.

Sacrifiquemos cosas más simples como cumpleaños, fiestas o reuniones de amigos para que los niñ@s puedan ir a clase con normalidad y los padres puedan trabajar tranquilos.

La vida es muy larga y lo que no se celebre hoy se puede hacer dentro de un año o dos, nadie va a morir por quedarse sin soplar las velas, pero sí puede morir alguien cercano por hacer una fiesta en apariencia imprescindible.

Algunas de las flores que me regalaron mis niños de este año.

jueves, 30 de julio de 2020

Antes y Ahora

Esta mañana estaba intentando aparcar el coche en el terreno que compraron los abuelos de mi madre en el pueblo en el que nos vio nacer a todos y creía que me daba un ataque de ansiedad.

Cuando mis parientes compraron el terreno allá por el 1800 y mucho no pensaron en que algunas generaciones después haríamos unas plazas de garaje y que justo enfrente tendríamos una plaza con miles de pivotes que creo que el que los diseñó lo hizo para raspar y abollar coches.

La primera vez que utilicé esa cochera, hace muchos, muchos años, cuando mis preocupaciones en la vida ahora me dan risa, no hice caso a nadie y me aventuré con mi ibiza y con el seguro a medio completar hasta la puerta. Ya entonces era difícil hacer el giro sin subirse a la acera de la rotonda y no dar a los coches que no respetan las prohibiciones de aparcar alrededor de las plazas.

Después de unos cuantos intentos con un mini coche sin dirección aistida en uno de los acelerones le di tal golpe a uno de los que estaba aparcado junto a la puerta que le arranque el parachoques de la parte trasera. ( Esto lo cuento porque el delito ya ha prescrito )

 Fiel a mi carácter y pensando en que el seguro de mi coche no era muy oficial aún intenté huir del lugar, pero no fui capaz, el coche se me calaba y no me acordaba de todos los pasos que tenía que seguir para salir de la que había liado.

Mientras estaba allí gritando a mi madre que cerrara la puerta de la cochera y se fuese que yo ya volvería sin el coche, escuché a lo lejos como un hombre, que con un ataque de pánico solo era capaz de decir ¡ Mi coche! ¡ Mi coche !

Yo entré en pánico total, era una delincuente, sin seguro, intentando huir del lugar del delito. Hasta que la pobre victima digo ¡ Mi coche , mi coche y no tengo seguro !

Mi mente comenzó a funcionar, paré el coche, no me hizo falta poner el freno de mano porque eso era lo que me impedía huir y bajé.

- Es tu coche? Pregunté con cara de buena.
- Sí, dijo él, con cara de delincuente por no tener seguro.
- Y qué has dicho de que no tienes seguro ? Le pregunté.
- Es que se me ha caducado y no lo he renovado.
- Hablemos, le dije, mil veces más tranquila. Los dos eramos un par de delincuentes, pero él no lo sabía.

Aquella historia aún la contamos en las comidas familiares y mi bloqueo mental cuando después de solucionarlo todo me senté en el coche y me pasé casi una hora agarrada al volante diciendo ¡ Mierda, mierda, mierda! y pensando que me habían dado un coche defectuoso porque con el volante bloqueado no podía ver el cuenta kilómetros y yo no era capaz de girarlo.

Ese día me di cuenta que había empezado mi vida de adulta, el coche era mio, el seguro tenía que haber sido mio y el lío en el que me había metido era mio y solo mio.

Después de eso nunca más he salido sin seguro sin revisar ruedas, aceite y mil cosas más.

El otro día en el paseo mientras subimos una cuesta que ya no nos parece tan grande y que nos permite andar, respirar y no parar de hablar, le comentaba a mi compañera de madrugones lo diferente que era mi vida a la de otras personas de mi edad, las obligaciones, responsabilidades y tareas que yo tengo y las que tienen otros/as.

Yo no tengo un solo día en el que no tenga algo que hacer, apunto en un calendario cada cosa porque es imposible acordarme de todo. Pienso a largo plazo en lo que voy a necesitar y lo que tengo que guardar o ahorrar.

Mientras que otros/as viven tranquilos bajo las faldas de sus padres, sin pensar en la comida que van a tener en el plato ese día o si la ropa estará limpia. Una vida totalmente opuesta  a la mía ni mejor, ni peor, simplemente diferente.

Hoy mientras intentada sacar mi coche de la misma cochera en la que intenté entrar hace 25 años un coche la mitad de grande que el de ahora, no paraba de pitar el aparato que trae de serie que me va indicando en una pantalla que me acerco peligrosamente a un objeto que me va a dar un golpe o romper algo.

El pi pi pi me taladraba los oídos, los 42º no me ayudaban, el sudor rozaba los bordes de mis ojos y tres coches esperaban pacientemente a que yo terminase de maniobrar para seguir su camino.

Ha habido un momento en el que no he salido del coche porque las puertas estaban bloqueadas entre dos paredes de hormigón a menos de 4 cm que amenazaban con dejar su firma en todo el lateral, yo seguía sudando, mi mente ha recordado la otra vez que me ví en un lío en el mismo sitio y si hubiera podido hubiera roto el cristal frontal para huir.

Pero ya no soy una cría que llora cuando la vida me pone un reto, ya no grito ¡ mierda ! dando golpes en el volante cuando un problema me hace sudar. Ahora me paro, pienso y decido.

Y eso es lo que he hecho, he puesto el freno de mano, he recogido los espejos y me he colocado otra vez en la posición de salida, he dejado pasar a los tres pacientes conductores que no han protestado en todo el rato y he pensado que todo tiene solución, que los problemas se resuelven de una manera o de otra, sin pedir a alguien que venga y me saque del apuro, sobre todo porque era complicado salir de un espacio tan pequeño.

Cinco minutos después estaba fuera, jurando que la próxima vez lo haré mejor porque pienso volver a aparcar en la maldita plaza de garaje hasta que sea capaz de hacerlo con los ojos cerrados y el pi pi pi del coche deje de sonar.

Y es que eso es ser adulto, o eso pienso yo, afrontar los problemas y ser capaz de hacer las cosas sin dejar que nos los resuelvan ni huir de ellas.




lunes, 13 de julio de 2020

" El cántaro de leche "

Fábula corta : La lechera | Bosque de Fantasías

Iba la lechera, tralarí, tralará con su cántaro de leche fresca camino del mercado, haciendo sus planes de todo lo que iba a conseguir con el dinero de la leche, de los huevos de la gallina que iba a comprar con ese dinero y mil cosas más cuando zas! se tropezó con el coronavirus y todo se jodió.

Es más o menos así como vamos a tener que contar el cuento a partir de ahora a las nuevas generaciones.

Estaba el invierno pasado un señor recién jubilado tan contento arreglando su finca, sus olivos, cuidando a su perro, yo lo veía tan feliz y pensaba en lo bien que se lo había organizado todo, pero la vida decidió cambiar sus planes y se convirtió en un número más de la pandemia.

Parece cruel o que me he vuelto loca pero es que es lo que toca, como han cambiado los finales de los cuentos, yo que soy de planes, cuadrantes y organizar las cosas hasta con años de antelación, el otro día me puse a leer un cuento que han enviado mis jefes, los que están en los despachos con aire acondicionado sin contacto con nadie, 85 páginas de un cuento de terror, cuando iba por la pág 10 me empezaron a caer gotas de sudor por la frente, en la pág 20 empecé a ver borroso y me daban ganas de vomitar y como cuando intento ver una peli de miedo en la tele opté por cerrar el archivo y olvidarme que lo tenía en el teléfono.

Hoy me he dado cuenta que el cuento de terror al igual que el cuento de la lechera tiene la cualidad de poder cambiar el destino como esos cuentos que me compraba mi madre y que dependían de la decisión que tomase era un final u otro, solo que en este caso la decisión no la voy a tomar yo, me la van a dar y no me va a quedar otra que aceptarla.

No he podido resistir y me la he vuelto a leer la orden esta mañana, en mi despacho de verano, ni terracita recién limpiada ayer a chorro de agua a presión, que tan fuerte le dí que creo que he llegado a los cimientos de la casa, porque el suelo está frío aunque las temperaturas no bajan de 36º.

Lo he leído y me he dado cuenta que todo es mentira, que por mucho que se les cansa la boca de decir que van a intentar facilitar las cosas a los padres y los profesores el curso se presenta muy complicado.

Empezando por lo absurdo de obligar a llevar mascarillas a todos a partir de los 6 años en cualquier sitio aunque haya distancias de más de 2 metros pero que después en clase 26 personas, ellos y yo no haga falta ni distanciamiento ni mascarilla, es decir entro en clase y les dejo que se las quiten, salgo a la calle y les obligo a separarse y ponérsela.

Se van a crear pequeños grupos de convivencia que no van a respetar las distancias, claro como todos los niños son huérfanos  y viven en clase, no se relacionan con nadie en el mundo pues la medida es genial.

Y así podría seguir toda la mañana contando la cantidad de cosas absurdas que he leído en los 85 pág que bien seguro dentro de dos semanas a el o la ( seamos políticamente correctos con la igualdad de genero ) que se le haya ocurrido todas las medidas decidirá que esas no valen y publicará otra nuevas que harán incompatibles estas y volveremos a empezar.

Por eso he decidido que este verano no voy a hacer como he hecho casi todos los años que llevo trabajando y organizar lo que se me viene encima. 

Voy a esperar a que llegue el cántaro de leche al mercado y cuando me hayan pagado por él pensaré en el siguiente paso, total con la que está cayendo a lo mejor me contagio o nos confinan y no puedo trabajar.

Aunque mucho me temo que no me van a dejar y los que están en esos despachos, lejos, muy lejos de donde yo trabajo, a esos les gusta el cuento de la lechera y como no van a ser ellos los que lo tengan que escribir me van a hacer reescribir el cuento las veces que les de la gana y entonces me enfadaré mucho, muchísimo y no seré la única y a lo mejor en vez de el cuento de la lechera termina siendo el comic de The walking dead donde cada uno hace lo que le da la gana o lo que puede con tal de sobrevivir.


martes, 7 de julio de 2020

Con los pies en la hierba

He conseguido uno de mis deseos del verano, ir a la piscina. no sabía si la iban a abrir y hasta el último momento hemos tenido dudas.

Creo que nuestros bonos para todo el verano están entre los cinco primeros.

El primer día tenía tanto miedo a arrimarme a las demás personas que estaban allí que me fui lo más lejos posible, bajo unos robles. Los más cercanos a mi estaban como a veinte metros.

Genial ! pensé, mientras me colocaba bajo un árbol, sacaba mis toallas, porque llevo varias y me ponía mis cascos.  La bolsa este año pesa más que los anteriores, llevo de todo, protector solar, crema para el cuerpo, crema para la cara, pinzas, peine, cascos de repuesto, gel hidroalcoholico, coletero, dos libros por si me aburro del primero, un cojín hinchable, un pareo, un bañador de repuesto, unos pañuelitos de papel, un sombrero, una botella de agua, unas mascarillas de repuesto y unos guantes, sin duda me dañaré la espalda antes de que termine el verano.

Al rato me tuve que cambiar de sitio, los aspersores estaban demasiado cerca y no me importaba que me mojasen, pero el libro era otra historia.

Primer cambio, me vuelvo a colocar a pocos metros, ya no me mojo, pero mi toalla se llena de hormigas, creo que he invadido el hormiguero más grande de la piscina y están enfadadas conmigo.

Segundo cambio, lo vuelvo a mover todo, sillas, toallas, bolsa con todo, esta vez me daño la planta de los pies con unos pinchitos tremendos que hay por toda la hierba.

Gruño, chillo, me quejo, me duelen los pies. Después de una hora no he conseguido leer ni dos líneas y me han mordido las hormigas, clavado pinchos en los pies y mojado con los aspersores. Se me ha olvidado mi miedo al covid- 19 y la cercanía de la gente.

Al día siguiente ya no he ido sola y he decidido sentarme en el sitio de siempre, donde mi mayor preocupación es que me de la sombra el mayor rato posible, la mascarilla a mi lado por si los que van conmigo se acercan demasiado y nuestros brazos se tocan y a disfrutar de los amigos y de la familia porque en los tiempos que corren es los que más me apetece.

Lo de meterme en el agua lo descarto por completo, no lo hacía antes, menos lo voy a hacer ahora, mi idea de una piscina es como los que comparten el agua de una bañera y todos se lavan en la misma, una guarrería. Mocos y pelos de desconocidos pasando por mi cara, puuuuaaaagggg

Y lo de ir al baño intentaré evitarlo por ahora. Poco a poco.

Mi piscina favorita, aunque no lo parezca está al fondo.


martes, 30 de junio de 2020

Pensando

Las 10 de la noche, sentada en la terraza con los cascos puestos a tal volumen que si se cae la casa no me voy a enterar, mi mente no es capaz de parar, hoy he tenido la última reunión del curso ( por ahora ) dentro de quince días veremos que nueva normativa sale y tal vez tengamos que volver al trabajo, es lo que hay y dando gracias por tener un trabajo.

Otros años un día como hoy me he inventado mil excusas para no ir a la comida de fin de curso, no porque mis compañeros me caigan mal, los quiero mucho, además de compañeros muchos son amigos. Pero no me gustan las reuniones de mucha gente en las que te tienes que arreglar.

Este año no he tenido que poner excusas ni en la de navidad por tener la pierna escayolada ni en esta por la situación que tenemos.

Pero no soy capaz de desconectar, mi mente no deja de pensar en trabajo, me he sentado en la terraza y me he puesto a revisar los casi 700 correos que tenía, alguno de ellos sin abrir.

Llevo desde marzo teletrabajando y mi casa se ha convertido en mi puesto de trabajo, no puedo llegar a casa y olvidarme de las programaciones, los estándares, los informes y los miles de correos, que tengo 4 correos activos en el teléfono.

Es el verdadero problema del teletrabajo. Antes cuando llegaba a casa me quitaba la ropa, encendía la radio y hasta el día siguiente y ahora todo es uno.

Se ha creado un debate ahora sobre si la empresa ha de pagar la conexión y el ordenador al trabajador por quedarse en casa y según lo piensas parece una buena idea, porque yo me he tenido que comprar un pc nuevo en estos meses y una impresora que han muerto poco a poco, he utilizado mi conexión a internet y mi luz, calefacción, aire acondicionado estos últimos días, visto así es genial, la empresa me lo paga y yo trabajo desde casa, en pijama, porque seamos sinceros, nadie se arregla para trabajar desde casa que yo ha habido días que ni me he quitado el pijama.

Pero y es que esta vida está llena de peros, a eso de que la empresa me pague todo para que yo me quede en casa le veo miles de desventajas, empezando porque mi trabajo es imposible desde casa a no ser por un confinamiento general, algo que dudo que se vuelva a producir, pero que otras personas por las características de sus trabajos si podrían hacer le veo los mismos problemas, los cuales expongo a continuación:

Si la empresa paga la conexión a internet será suyo? podré utilizar dicha conexión cuando no trabaje para ver películas en alguna plataforma de pago o lo que me de la gana, siempre en mi tiempo libre?
Si la empresa paga mi pc y mi linea de teléfono la podré usar después para lo que quiera?
Y la luz, al agua, la comida si me pagan dietas, cómo lo hago? El menú tiene que ajustarse a lo que me pagan ellos o puedo pedir un día unos langostinos?

A mi eso de vivir en la oficina no me gusta, pero que encima todo sea de ellos y tenga que justificar si me paso con la calefacción o veo  una peli de taquilla un día no me mola, me parece vivir en un estado controlado en todos los aspectos de mi vida y me parece mucho más estresante.

Y si no vivo sola, los demás pueden usar todos lo que paga la empresa? y si en casa dos teletrabajan , lo pagan dos veces o la conexión es mejor?

No sé que responder a todas esas preguntas, que el teletrabajo ha venido para quedarse está claro, que trae muchas ventajas a las personas que decidan o puedan optar a él también lo pienso, pero que hace que trabajemos más y nos tengan también más controlados aunque no estemos todos en el mismo edificio me parece obvio.

Supongo que como todas las cosas, tendrá un proceso y poco a poco se irá adaptando a nuestra forma de vivir y de pensar.

 Yo esta tarde he estado trabajando desde mi terraza que desde luego es mucho más cómoda que mi clase.



lunes, 29 de junio de 2020

" Que vienen los franceses "

Tengo ciudafóbia, lo reconozco, voy a patentar el término, desde que se han abierto las fronteras entre las comunidades voy por la calle intentando identificar a los que se van a cruzar conmigo, cosa difícil que con las mascarillas somos todos casi iguales. Además de habernos vuelto todos medio gangosos que es muy difícil vocalizar con un trapo metido en la boca todo el día.

Pues eso, que me he vuelto ciudafóbica y me da miedo cruzarme con todos los que han salido de estampida de las ciudades después de sus encierros en esos mini pisos en los que viven la mayoría, porque pocos son los que tiene casa de más de 100 m cuadrados y con todo exterior. La mayoría viven en edificios colmenas en calles estrechas, llenas de tráfico y polución, porque los pisos de las ciudades son como las habitaciones de los hoteles, solo para dormir, el resto del día lo pasan en el transporte público o trabajando.

Yo sin embargo vivo en un pueblo en el que el concepto de casa es algo así como " burro grande ande o no ande "

Mi costillo que se ha criado en grandes ciudades siempre quiso vivir en un pueblo y cuando nos compramos la casa el constructor que si te lo cruzas en el metro le das una propina, nos dijo:

- " Y aquí va la chimenea "
- " ¿ La chimenea ? dijimos los dos a coro. Pero si no hemos pedido una chimenea.
- " Ah, dijo él, os la voy a cobrar igual la pongáis o no.

Y allí que se puso la chimenea, que habremos encendido como 10 veces en 20 años, que tuvimos que aprender a encenderla por que no es como en la películas que arrimas una cerilla y sale el fuego perfecto ya con brasas y todo.

El caso en que nosotros vivimos en un pueblo, algo que hasta hace unos meses era un coñazo seamos claros, que si querías unos zapatos o ropa que no fuera del chino tenemos que hacer 70 km para comprarla.

 Pero que cuando el mundo se para y nos encierran a todos en casa resulta que se convierten en auténticos palacios, porque aunque es un pueblo, tenemos fibra, todos los canales de pago que puedas pagar, tiendas de informática y de alimentación y una casa grande, tan grande que puedes hacer deporte subiendo y bajando los 32 escalones, recorrer la cochera como un ratón encerrado, encender esa chimenea que antes ni mirabas, jugar al baloncesto donde antes estaban los coches, sentarte en una tumbona en el patio arropada a una manta o achicharrada de calor dependiendo del día.

Los que tienen la suerte de vivir en una gran cuidad y tardar 2 h en llegar el trabajo apiñados en el bus o en el metro no tienen chimenea.

Esa gente el lunes pasado hizo una carrera a ver cual llegaba antes a la casa de la abuela, que llevaba sin abrirse miles de años, naturalmente sin internet y sin las comodidades que tenemos los que pasamos aquí las 4 estaciones, pero con más metros que en la que han estado encerrados todos estos meses.

Y yo los comprendo, incluso habría hecho lo mismo que ellos, salir corriendo para que me entre la luz por la ventana cuando me despierto, para ver algo que no sea hormigón cuando asomo la nariz por la puerta de casa, pero a mi me dan miedo.

No porque me vayan a hacer nada, me dan miedo por venir de otros lugares en los que la enfermedad ha estado más activa, a poblaciones en las que llevábamos tiempo con pocos casos, ojo, pocos, no ninguno, porque en los pueblos también se muere la gente, aunque a algunos les sorprenda y cuando les informas de la muerte de un ser querido por este virus, te respondan con un:

- " Yo creía que en los pueblos no pasaba "
- " Claro corazón, porque el virus es urbanita y le gusta la contaminación más que los olivos y los castaños, le contestamos.

Y los de las ciudades nos han invadido como cuando era pequeña y todos los de mi pueblo que se habían criado en los suburbios de las ciudades francesas venían a pasar el mes de agosto con su castellano chapucero mezclado con su francés con acento extremeño.

Aparcan donde les da la gana, da igual que sea doble o triple fila, que hoy se ha enfadado uno cuando le he dicho que no me iba a subir a dos ruedas a la acera porque él quisiera dejar medio coche en la calle en vez de en el aparcamiento, van sin mascarillas, no todos, a modo me tapo la barba sin afeitar o la guardo en el bolsillo que seguro que así no la desgasto y entro en los sitios sin ella. Ya van tres tiendas en los que he visto como se les llamaba la atención por no ponérselas.

Y sí, me produce ciudafóbia, por su comportamiento y su falta de respeto, porque yo no digo que ellos tengan  el virus, que 7 de cada 10 que lo tienen son asintomáticos y a lo mejor lo tengo yo, pero con su falta de respeto y su actitud chulesca lo que van a conseguir es que corra entre todos y no lo paremos nunca, y que cuando se les terminen los días de descanso y tengan que volver a sus mini colmenas los que no podemos irnos nos vamos a quedar en un pueblo marcado por las nuevas cifras y un rebrote que nos va a hacer volver a fases anteriores y perder posibilidades de hacer una vida normal.

Trabajo y Prevención Castilla y León on Twitter: "#COVID19 ...

las canas

 Hace tiempo que no entro, tanto que he tenido que actualizar la contraseña, quizás mi vida esté cambiando y no necesite reflejar mis pensam...