domingo, 4 de octubre de 2020

Un pensamiento fugaz

 Estaba el otro día en la peluquería, atrapada, con la cabeza en el lavabo goteando mi pelo, sin poder moverme y mis ojos se fijaron en dos moscas que no se movían, estaban como dos estatuas en el filo de un cristal, la gente pasaba, los secadores orientaban el chorro de aire hacia donde ellas se encontraban y no las afectaba, se ve que habían encontrado la estabilidad y todo lo que las rodeaba las resultaba de lo más normal, sin plantearse que pudiera ser un peligro para su efímera vida. Me recordaban a esas personas que ven la vida pasar, sin hacer nada, ni bueno ni malo, que las da igual los que les rodeen y lo que les pase, que siguen en su estado de aletargamiento sin pensar en que sus acciones pueden ser de ayuda o desquiciar a los que les ha tocado pasar junto a ellos, esas personas que se sientan en los escalones de los portales con la mascarilla por la barbilla y tosen cuando pasas, esos que aparcan ocupando dos plazas o los que se hacen los tontos y aunque ponga en un cartel que hasta un ciego puede leer que es una fila única para las cinco cajas ellos se van a la última y se cuelan de todas.

Esos que sabiendo que has perdido a un ser querido por este p.. bicho te dicen que a él les da igual que esto es una enfermedad de viejos y que él es joven.

Sentada en la butaca nada cómoda, con las cervicales sin riego sanguíneo ya del rato que me tenían allí para luchar contra algo que ya es evidente, mi pelo blanco, solo tenía ganas de tener a manos un mata moscas y dar un golpe contra el crista, no para matarlas, ya es demasiado corta la vida de una mosca, solo para asustarlas y hacerlas volver a la vida normal de una mosca, la de estar alerta ante todo lo que las rodea, que es lo normal, no el aletargamiento de las que ya se sienten seguras por los que les rodean.

Yo es que creo que soy como esos animales que salen en los documentales de la 2, los que van a beber al río plagado de cocodrilos y beben con un ojo mirando al norte y otro mirando al sur y si pudieran un tercero en la espalda por lo que les pueda venir y cuando me dicen que esto es lo que nos ha tocado y que nos tenemos que aguantar mi instinto de supervivencia me hace enfadar y pensar que antes de rendirme tengo que luchar, que lo de vivir de rodillas no va conmigo y que si tengo en mis manos poder combatir lo haré hasta el final.

No vaya a ser que venga alguien con el mata moscas y en vez de asustarme me de de lleno.

lunes, 14 de septiembre de 2020

Volvemos

 


Hemos vuelto al colegio, yo personalmente lo estaba deseando, no creo que pudiera resistir trabajar otra vez desde casa, es mi opinión personal, supongo que otras circunstancias y otros tipos de alumnos/as harán que no piensen como yo muchas personas, pero para mi, como he dicho muchas veces la educación con los niñ@s que yo trabajo es mucho más que un vídeo, una ficha , un audio.

El primer día cuando iba a clase más nerviosa que el primer día que trabajé ya hace 26 años me temblaban las manos, me dolía el estómago, no sabía que me iba a encontrar y ni si iba a ser capaz de hacerlo todo bien.

Porque mi lema tanto dentro como fuera de clase es comportarme como si fuese una asintomática, es lo malo de este virus que no te hace cambiar de color cuando lo tienes y volverte verde o azul. 

huy, mira ese está azul, tiene el virus!!!   



Si te cambiara el color sería más fácil pero no hemos tenido esa " suerte " el puñetero virus se esconde y va por el mundo poniendo enfermo a los que queremos, claro que es a los que besamos y abrazamos. 

Y yo como no me he vuelto azul, pues tengo cuidado, mucho cuidado con todos los que me rodean, porque a lo mejor los que lo tienen son ellos.

Las normas que hemos tenido que firmar para poder trabajar este año son las que son, las que ha ideado alguien que tiene un despacho estupendo, sin 25 críos alrededor que se les ha metido a fuego desde que nacieron lo de " Hay que compartir " " No seas egoísta " " Juega con todos ".... y ahora te viene tu madre y tu seño y te dicen que Nooooo, que lo tuyo es tuyo y que lo vas a dejar bien guardado en una mochilita junto a tu mesa y NADIE lo puede tocar. Que al entrar en el cole hay 4 turnos y en el recreo también.

Supongo que tendrán un lío similar a cuando cambiamos de las pesetas a los euros y nos pasamos años contando con las dos monedas.

Mis 18 alumn@s son nuevos, no los conozco, no los he dado clase nunca y ellos estaban igual de nerviosos que yo. 

Después de 5 h de clase, me dí cuenta de algo que ya sabía, que son esponjas, todo terrenos, se adaptan a todo, Ni Uno, repito Ni Uno, se quitó la mascarilla, todos entendían que hay un virus que mata a la gente y ellos tienen que tener cuidado, los voy a llevar  a la calle a que se lo expliquen a algunos adultos que no lo recuerdan.

En el patio dos días han tardado en saber como nos podemos sentar en el patio para poder comernos el bocadillo y vernos las caras, que hoy he oído a uno que le gritaba a los otros " La seño tiene cara " mientras me bebía un café a más de 3 m de ellos para poder aguantar toda la mañana.

Mi grupo es un grupo burbuja, se pasan la mayoría de las horas del colegio conmigo y solo entre ellos, ni coinciden en el patio con otros grupos ni en el baño ni casi por los pasillos. 

Cuando les pongamos la vacuna nos va a costar otra vez explicarles lo de compartir y poder jugar por todo el patio en vez de en la zona que se nos ha asignado.     

Pero mientras tanto tendremos que aprender a vivir así, no queda otra. Y es una labor de todos, porque por mucho hidrogel, mucho grupo burbuja y muchas entradas escalonadas si en las casas los adultos no respetan las mismas normas que tan bien se saben y cumplen sus hijos vamos a tener un problema y vamos a volver a casa muy pronto.

lunes, 31 de agosto de 2020

Año nuevo

Hoy es mi cumpleaños, un año más, un año que empezó después de un verano en el que apenas pude descansar por tener que ir a los tribunales de oposiciones de manera obligatoria y que aún no me han pagado lo que me tenían que pagar por los viajes y las dietas de ese mes en el que además de examinar a los que algún día podrán ser mis compañeros me hice 6 mil km de coche en pleno verano, que cuando subíamos en él a las cuatro de la tarde hacía tanto calor que no podíamos ni tocar los cinturones, menos mal que mis compañeros de tribunal y de coche fueron, son, unas personas maravillosas que hicieron que esos momentos fuesen más agradables.

Después parecía que la cosa se iba clamando y terminé tomando las uvas con un par de muletas y un tobillo, el que estaba sano pasando a defcon 2.

Mi deseo de año nuevo no fue ni adelgazar, ni ser más simpática, ni la paz mundial, fue tener una vida normal, sin problemas, se ve que este año estaba en la cola de los deseos o tal vez no se ha producido por no haberme terminado las 12 uvas, que las que compra mi madre son como ciruelas de grandes y un día vamos a terminar en urgencias con la garganta llena de ellas.

Él o la que pidió estar más tiempo en casa era el primero de la fila en la lista de deseos sin duda.

Total que entre la mierda de año que he tenido y que cuando una cumple por última vez un año que empieza por 4 parece que las cosas se ven de otra manera y hoy que es ese día he decidido no ver los telediarios por un tiempo, me recuerdan esas revistas en las que solo salen catástrofes y malas noticias. He dejado de preocuparme por lo que se nos viene encima a todos los que mañana volvemos a las clases, lo estamos deseando pero también estamos aterrrados, 

Tengo una amiga que tiene un bar y me dijo ayer, que el primer día que abrió después del confinamiento se moría de miedo pero que la vida sigue y a todo te acostumbras y eso tendré que hacer o por lo menos intentarlo. Tal vez por eso esta tarde después de pintar las persianas de madera que evitan que las habitaciones de arriba en mi casa se parezcan a una sauna, me he dado cuenta que el suelo de la terraza estaba lleno de chorretones de barniz  que no quedaban muy bien y he tomado una decisión que hace unos años, no fui capaz de tomar, dejo el enlace de esa entrada por si alguien la quiere volver a leer. 


Si me pilla ahora la mancha de la puerta habría durado menos que las de barniz esta tarde, después de medio litro de lejía, otro medio de kh7 y un  bote de disolvente la mancha era ya un simple recuerdo. Ha quedado el suelo más limpio que cuando lo pusimos. 

Eso es lo que pasa con los años, que te hacen ver las cosas de otra forma, lo que nos quitaba el sueño hace años ahora nos hace reír o simplemente ignorar. 

A mi ahora de las pocas cosas que me quitan el sueño son las preocupaciones por mis seres queridos que supongo que no dejaran de preocuparme jamás y las dos horas de siesta que me duermo muchos días. 

Lo demás no está en mis manos, nadie podía hace un año decir que me iba a tocar ir a los tribunales cuando el apellido que salió fue la f y el mio es la p. No podía imaginar que me resbalaría y mi pie quedaría atrapado entre la acera y la rueda del coche con una postura nada buena y desde luego nadie podía imaginar que un virus nos cambiaría la vida a todo el planeta.

Mejor intentar vivir el día a día disfrutar de los que están a mi lado, procurar ser feliz y desear en este cumpleaños que no he celebrado que el año que viene me canse de dar besos y abrazos a todos los que tengo en mente invitar porque empezar una alta cilindrada cumplir 50 tienen que ser algo especial y se merecerá un fiestorro. Aunque sea con cervezas sin alcohol y estando en casa a las 12 con el pijama puesto.

miércoles, 19 de agosto de 2020

Cuenta atrás

A menos de 2 semanas de terminar mi mes de vacaciones, los demás por mucho que critique la gente no han sido vacaciones, por lo menos en mi caso y en el de los compañeros y amigos de la misma profesión que conozco, hemos trabajado este año MÁS y lo pongo con mayúsculas que cualquier otro año, encima ha sido el año más triste. Si despedida de mi grupo desde hace 4 años ni de mi tutoria.

Cuando mis alumnos/as de este año, esos a los que no he podido hacer una fiesta de despedida después de dos años juntos, esos que he visto crecer y madurar, pasar de ser infantiles a una etapa de interés y curiosidad por las cosas, a un momento en el que todo es importante e interesante, sigo que me disperso, cuando me enviaron un vídeo para darme las gracias por hacer lo que tenía que hacer, mi trabajo, con cariño, con  amor, con ilusión aunque por dentro estuviera llena de pena por las circunstancias, apenas pude hablar, mis ojos llenos de lágrimas, mi garganta cerrada por la superación del momento sin poder tocarlos, ni besarlos, para poder dar las gracias aunque fuese con un audio, todo eso me hizo ver lo que ya sabía:

No puedo trabajar desde casa, se que mucha gente lo ha pedido y que es una opción en muchos trabajos, pero igual que el agricultor cuida sus plantas todos los días y el ganadero da de comer y beber a sus crías, yo necesito ir al colegio, ver como crecen mis niños, porque siempre son mis niños, alimentar sus mentes con conocimientos crear en ellos la necesidad de investigar, aprender, conocer, preguntar. Ver como se socializan, hacen amigos y se enfadan con ellos con la misma facilidad. Es fascinante a la vez que agotador el día a día en un colegio y eso por internet no se puede hacer.

Las nuevas tecnologías están muy bien como apoyo a la educación, pero no pueden sustituir una clase y un trato humano, porque la escuela no es solo aprender a leer o escribir o aprenderte los ríos de la comunidad autónoma en la que vives, que los de España hasta secundaria no se dan, con el nuevo sistema educativo por autonomías. ( Eso da para otra entrada ).

Después de todas estas reflexiones quiero decir que " Estoy deseando volver a clase "

¿ Cómo ? No lo sé. La administración como siempre lo deja todo para última hora y delegando responsabilidades en todos menos en ellos.

Sueño con volver a estar en clase, a poder ser una gritona, que les recuerde mil veces que se pongan el abrigo, ahora será la mascarilla, pero tenemos que volver.

Y como siempre seremos los equipos de profesores los que tengamos que pensar y organizar las cosas, porque las pautas generales que se establecen son como molinillos de viento los sueltas y giran dependiendo de donde venga el aire y el aire no siempre sopla desde el mismo lugar, a menos de dos kilómetros de donde está mi clase hay tres centros más, uno con una ratio ( número de alumnos/as  por clase ) de hasta 32, otro con 25 y otro con 4 alumnos por clase, está claro que lo que a unos les va a funcionar a otros no les va a servir para nada.

Seremos los profesores los que tengamos que organizarnos, crear protocolos para si todo es presencial, si la mitad es presencial y la mitad es en casa, si todo es en casa, pero ojo para todos los alumnos/as porque la educación a la carta individualizada, hoy lo llevo, mañana no, este no va a venir nunca y este va a venir todos los días eso si que es imposible, no hay horas en el día para tanto trabajo.

Intentemos entre todos ser lo más precavidos posibles, para que de esa manera la educación presencial que tanto deseamos los maestros sea posible, real y duradera sin brotes que pongan en riesgo la salud de nuestros hijos, nuestros padres y nosotros mismos.

Sacrifiquemos cosas más simples como cumpleaños, fiestas o reuniones de amigos para que los niñ@s puedan ir a clase con normalidad y los padres puedan trabajar tranquilos.

La vida es muy larga y lo que no se celebre hoy se puede hacer dentro de un año o dos, nadie va a morir por quedarse sin soplar las velas, pero sí puede morir alguien cercano por hacer una fiesta en apariencia imprescindible.

Algunas de las flores que me regalaron mis niños de este año.

jueves, 30 de julio de 2020

Antes y Ahora

Esta mañana estaba intentando aparcar el coche en el terreno que compraron los abuelos de mi madre en el pueblo en el que nos vio nacer a todos y creía que me daba un ataque de ansiedad.

Cuando mis parientes compraron el terreno allá por el 1800 y mucho no pensaron en que algunas generaciones después haríamos unas plazas de garaje y que justo enfrente tendríamos una plaza con miles de pivotes que creo que el que los diseñó lo hizo para raspar y abollar coches.

La primera vez que utilicé esa cochera, hace muchos, muchos años, cuando mis preocupaciones en la vida ahora me dan risa, no hice caso a nadie y me aventuré con mi ibiza y con el seguro a medio completar hasta la puerta. Ya entonces era difícil hacer el giro sin subirse a la acera de la rotonda y no dar a los coches que no respetan las prohibiciones de aparcar alrededor de las plazas.

Después de unos cuantos intentos con un mini coche sin dirección aistida en uno de los acelerones le di tal golpe a uno de los que estaba aparcado junto a la puerta que le arranque el parachoques de la parte trasera. ( Esto lo cuento porque el delito ya ha prescrito )

 Fiel a mi carácter y pensando en que el seguro de mi coche no era muy oficial aún intenté huir del lugar, pero no fui capaz, el coche se me calaba y no me acordaba de todos los pasos que tenía que seguir para salir de la que había liado.

Mientras estaba allí gritando a mi madre que cerrara la puerta de la cochera y se fuese que yo ya volvería sin el coche, escuché a lo lejos como un hombre, que con un ataque de pánico solo era capaz de decir ¡ Mi coche! ¡ Mi coche !

Yo entré en pánico total, era una delincuente, sin seguro, intentando huir del lugar del delito. Hasta que la pobre victima digo ¡ Mi coche , mi coche y no tengo seguro !

Mi mente comenzó a funcionar, paré el coche, no me hizo falta poner el freno de mano porque eso era lo que me impedía huir y bajé.

- Es tu coche? Pregunté con cara de buena.
- Sí, dijo él, con cara de delincuente por no tener seguro.
- Y qué has dicho de que no tienes seguro ? Le pregunté.
- Es que se me ha caducado y no lo he renovado.
- Hablemos, le dije, mil veces más tranquila. Los dos eramos un par de delincuentes, pero él no lo sabía.

Aquella historia aún la contamos en las comidas familiares y mi bloqueo mental cuando después de solucionarlo todo me senté en el coche y me pasé casi una hora agarrada al volante diciendo ¡ Mierda, mierda, mierda! y pensando que me habían dado un coche defectuoso porque con el volante bloqueado no podía ver el cuenta kilómetros y yo no era capaz de girarlo.

Ese día me di cuenta que había empezado mi vida de adulta, el coche era mio, el seguro tenía que haber sido mio y el lío en el que me había metido era mio y solo mio.

Después de eso nunca más he salido sin seguro sin revisar ruedas, aceite y mil cosas más.

El otro día en el paseo mientras subimos una cuesta que ya no nos parece tan grande y que nos permite andar, respirar y no parar de hablar, le comentaba a mi compañera de madrugones lo diferente que era mi vida a la de otras personas de mi edad, las obligaciones, responsabilidades y tareas que yo tengo y las que tienen otros/as.

Yo no tengo un solo día en el que no tenga algo que hacer, apunto en un calendario cada cosa porque es imposible acordarme de todo. Pienso a largo plazo en lo que voy a necesitar y lo que tengo que guardar o ahorrar.

Mientras que otros/as viven tranquilos bajo las faldas de sus padres, sin pensar en la comida que van a tener en el plato ese día o si la ropa estará limpia. Una vida totalmente opuesta  a la mía ni mejor, ni peor, simplemente diferente.

Hoy mientras intentada sacar mi coche de la misma cochera en la que intenté entrar hace 25 años un coche la mitad de grande que el de ahora, no paraba de pitar el aparato que trae de serie que me va indicando en una pantalla que me acerco peligrosamente a un objeto que me va a dar un golpe o romper algo.

El pi pi pi me taladraba los oídos, los 42º no me ayudaban, el sudor rozaba los bordes de mis ojos y tres coches esperaban pacientemente a que yo terminase de maniobrar para seguir su camino.

Ha habido un momento en el que no he salido del coche porque las puertas estaban bloqueadas entre dos paredes de hormigón a menos de 4 cm que amenazaban con dejar su firma en todo el lateral, yo seguía sudando, mi mente ha recordado la otra vez que me ví en un lío en el mismo sitio y si hubiera podido hubiera roto el cristal frontal para huir.

Pero ya no soy una cría que llora cuando la vida me pone un reto, ya no grito ¡ mierda ! dando golpes en el volante cuando un problema me hace sudar. Ahora me paro, pienso y decido.

Y eso es lo que he hecho, he puesto el freno de mano, he recogido los espejos y me he colocado otra vez en la posición de salida, he dejado pasar a los tres pacientes conductores que no han protestado en todo el rato y he pensado que todo tiene solución, que los problemas se resuelven de una manera o de otra, sin pedir a alguien que venga y me saque del apuro, sobre todo porque era complicado salir de un espacio tan pequeño.

Cinco minutos después estaba fuera, jurando que la próxima vez lo haré mejor porque pienso volver a aparcar en la maldita plaza de garaje hasta que sea capaz de hacerlo con los ojos cerrados y el pi pi pi del coche deje de sonar.

Y es que eso es ser adulto, o eso pienso yo, afrontar los problemas y ser capaz de hacer las cosas sin dejar que nos los resuelvan ni huir de ellas.




lunes, 13 de julio de 2020

" El cántaro de leche "

Fábula corta : La lechera | Bosque de Fantasías

Iba la lechera, tralarí, tralará con su cántaro de leche fresca camino del mercado, haciendo sus planes de todo lo que iba a conseguir con el dinero de la leche, de los huevos de la gallina que iba a comprar con ese dinero y mil cosas más cuando zas! se tropezó con el coronavirus y todo se jodió.

Es más o menos así como vamos a tener que contar el cuento a partir de ahora a las nuevas generaciones.

Estaba el invierno pasado un señor recién jubilado tan contento arreglando su finca, sus olivos, cuidando a su perro, yo lo veía tan feliz y pensaba en lo bien que se lo había organizado todo, pero la vida decidió cambiar sus planes y se convirtió en un número más de la pandemia.

Parece cruel o que me he vuelto loca pero es que es lo que toca, como han cambiado los finales de los cuentos, yo que soy de planes, cuadrantes y organizar las cosas hasta con años de antelación, el otro día me puse a leer un cuento que han enviado mis jefes, los que están en los despachos con aire acondicionado sin contacto con nadie, 85 páginas de un cuento de terror, cuando iba por la pág 10 me empezaron a caer gotas de sudor por la frente, en la pág 20 empecé a ver borroso y me daban ganas de vomitar y como cuando intento ver una peli de miedo en la tele opté por cerrar el archivo y olvidarme que lo tenía en el teléfono.

Hoy me he dado cuenta que el cuento de terror al igual que el cuento de la lechera tiene la cualidad de poder cambiar el destino como esos cuentos que me compraba mi madre y que dependían de la decisión que tomase era un final u otro, solo que en este caso la decisión no la voy a tomar yo, me la van a dar y no me va a quedar otra que aceptarla.

No he podido resistir y me la he vuelto a leer la orden esta mañana, en mi despacho de verano, ni terracita recién limpiada ayer a chorro de agua a presión, que tan fuerte le dí que creo que he llegado a los cimientos de la casa, porque el suelo está frío aunque las temperaturas no bajan de 36º.

Lo he leído y me he dado cuenta que todo es mentira, que por mucho que se les cansa la boca de decir que van a intentar facilitar las cosas a los padres y los profesores el curso se presenta muy complicado.

Empezando por lo absurdo de obligar a llevar mascarillas a todos a partir de los 6 años en cualquier sitio aunque haya distancias de más de 2 metros pero que después en clase 26 personas, ellos y yo no haga falta ni distanciamiento ni mascarilla, es decir entro en clase y les dejo que se las quiten, salgo a la calle y les obligo a separarse y ponérsela.

Se van a crear pequeños grupos de convivencia que no van a respetar las distancias, claro como todos los niños son huérfanos  y viven en clase, no se relacionan con nadie en el mundo pues la medida es genial.

Y así podría seguir toda la mañana contando la cantidad de cosas absurdas que he leído en los 85 pág que bien seguro dentro de dos semanas a el o la ( seamos políticamente correctos con la igualdad de genero ) que se le haya ocurrido todas las medidas decidirá que esas no valen y publicará otra nuevas que harán incompatibles estas y volveremos a empezar.

Por eso he decidido que este verano no voy a hacer como he hecho casi todos los años que llevo trabajando y organizar lo que se me viene encima. 

Voy a esperar a que llegue el cántaro de leche al mercado y cuando me hayan pagado por él pensaré en el siguiente paso, total con la que está cayendo a lo mejor me contagio o nos confinan y no puedo trabajar.

Aunque mucho me temo que no me van a dejar y los que están en esos despachos, lejos, muy lejos de donde yo trabajo, a esos les gusta el cuento de la lechera y como no van a ser ellos los que lo tengan que escribir me van a hacer reescribir el cuento las veces que les de la gana y entonces me enfadaré mucho, muchísimo y no seré la única y a lo mejor en vez de el cuento de la lechera termina siendo el comic de The walking dead donde cada uno hace lo que le da la gana o lo que puede con tal de sobrevivir.


martes, 7 de julio de 2020

Con los pies en la hierba

He conseguido uno de mis deseos del verano, ir a la piscina. no sabía si la iban a abrir y hasta el último momento hemos tenido dudas.

Creo que nuestros bonos para todo el verano están entre los cinco primeros.

El primer día tenía tanto miedo a arrimarme a las demás personas que estaban allí que me fui lo más lejos posible, bajo unos robles. Los más cercanos a mi estaban como a veinte metros.

Genial ! pensé, mientras me colocaba bajo un árbol, sacaba mis toallas, porque llevo varias y me ponía mis cascos.  La bolsa este año pesa más que los anteriores, llevo de todo, protector solar, crema para el cuerpo, crema para la cara, pinzas, peine, cascos de repuesto, gel hidroalcoholico, coletero, dos libros por si me aburro del primero, un cojín hinchable, un pareo, un bañador de repuesto, unos pañuelitos de papel, un sombrero, una botella de agua, unas mascarillas de repuesto y unos guantes, sin duda me dañaré la espalda antes de que termine el verano.

Al rato me tuve que cambiar de sitio, los aspersores estaban demasiado cerca y no me importaba que me mojasen, pero el libro era otra historia.

Primer cambio, me vuelvo a colocar a pocos metros, ya no me mojo, pero mi toalla se llena de hormigas, creo que he invadido el hormiguero más grande de la piscina y están enfadadas conmigo.

Segundo cambio, lo vuelvo a mover todo, sillas, toallas, bolsa con todo, esta vez me daño la planta de los pies con unos pinchitos tremendos que hay por toda la hierba.

Gruño, chillo, me quejo, me duelen los pies. Después de una hora no he conseguido leer ni dos líneas y me han mordido las hormigas, clavado pinchos en los pies y mojado con los aspersores. Se me ha olvidado mi miedo al covid- 19 y la cercanía de la gente.

Al día siguiente ya no he ido sola y he decidido sentarme en el sitio de siempre, donde mi mayor preocupación es que me de la sombra el mayor rato posible, la mascarilla a mi lado por si los que van conmigo se acercan demasiado y nuestros brazos se tocan y a disfrutar de los amigos y de la familia porque en los tiempos que corren es los que más me apetece.

Lo de meterme en el agua lo descarto por completo, no lo hacía antes, menos lo voy a hacer ahora, mi idea de una piscina es como los que comparten el agua de una bañera y todos se lavan en la misma, una guarrería. Mocos y pelos de desconocidos pasando por mi cara, puuuuaaaagggg

Y lo de ir al baño intentaré evitarlo por ahora. Poco a poco.

Mi piscina favorita, aunque no lo parezca está al fondo.


las canas

 Hace tiempo que no entro, tanto que he tenido que actualizar la contraseña, quizás mi vida esté cambiando y no necesite reflejar mis pensam...