" 2ª noche de botellón "

Anoche llovía, había relámpagos, truenos, solo faltaba que empezase a nevar, por lo demás un día de esos de quedarse en casa en pijama, con los calcetines puestos y el pelo recogido, pero noo, como eran fiestas pues todo el mundo a la calle, que para tres días de fiesta que hay al año hay que disfrutarlos.

Yo siempre he pensado, que más da que llueva un día de fiesta, total en los bares no llueve, el tramo de bar a bar es pequeño y no da tiempo a mojarse.

El caso es que por la tarde nos fuimos a la plaza con esterilla, bocadillos, refrescos y unos paraguas enormes que encontré por la cochera.

Y allí estábamos en todo el fregao lloviendo pero nosotros sin inmutarnos.

Después de eso nos fuimos a casa y parece ser que esa fue la tónica general, que casi todo el mundo pensó lo mismo que nosotros, porque mi barrio que es el aparcamiento oficial de todo el que decide salir de marcha por la noche en este pueblo estaba tranquilo, desierto, silencioso, si hubiera querido había podido decir de quien era cada coche de los que estaban en la calle.

Pero después de una noche tranquila, sin griterío, sin alcohólicas a las ocho de la mañana reclamando el dinero de las bebidas que ya se habían bebido, la gente tenía ganas de marcha y todo lo que no se disfrutó anoche se ha hecho hoy.

A las once de la mañana la plaza ya estaba llena, a las dos cuando han terminado los festejos todo el mundo se ha dirigido en plan manada cruzando el Seregueti a los bares de moda en estas fechas.

He intentado tres veces conseguir un plato de paella que daban por el módico precio de 4 e y las tres veces me he quedado sin ella de la cola que había.

Después en otro de los bares habían instalado una piscina hinchable en plan cutre que ha servido de ducha a más de la mitad de los que estaban allí.

He pensado, anoche no se quejarían de que llovía porque hoy van mucho más mojados.

A las seis de la tarde una de las calles de este pueblo parecía una de esas macro discotecas de las que salen en la tele, con la música a mil, todo el mundo dando saltos, críos corriendo, padres, madres, abuelos, nietos, sin distinción.

Entre risas hemos pensado en la pobre gente que estaba allí en sus casas, una de ellas la madre de uno de los que iba con nosotros, y hemos dicho:

- Anda que como quiera ver hoy salvame delux lo va a tener que hacer leyéndoles los labios, porque de otra manera va a ser imposible.

Y es que para que unos pocos se lo pasen bien, otros tienen que encerrarse en casa y aguantar durante esos días o planear sus vacaciones para que no estar allí.

Y no sé hasta que punto es justo.

Mañana más.

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