domingo, 16 de octubre de 2011

" Examen de conciencia "

El otro día en el supermercado vi unas manos que me llamaron la atención, esas manos no sabían lo que era un corta uñas, ni una crema hidratante, ni el jabón y el agua.

El dueño de las manos estaba delante mio en la cola de la caja para pagar la compra y yo ni corta ni perezosa le hice una foto con mi teléfono.

Pensaba meterme con él, decirle de todo, recordarle aunque no lo lea, que el agua no abrasa y que el jabón no está de adorno en el lavabo, pero a lo largo de estos días, mientras mi mente tramaba las barbaridades que le iba a decir, me he dado cuenta que hay mil razones por las que puede tenerlas así y que yo no soy quién para reírme de ellas.

Puede que haya estado toda la vida trabajando, que no pudiera cuidarse y que los trabajos fueran tan duros que se las destrozase.

Puede que sus uñas sean largas porque así se puede sacar las astillas de la madera que se le clavan.

Puede que cuando yo le vi viniese de trabajar camino de la ducha y solo hubiera parado para hacer la compra.

Pueden ser mil las razones por las que las tiene así.

Yo tengo unas manos pequeñas, ridículas me atrevería a decir, tan pequeñas que mi dedo meñique nada tiene que envidiar al de los muñecos y con tan poca fuerzas que no soy capaz de abrir un solo bote, ni las latas, ni nada de nada.

El dueño de las otras manos de las que estoy hablando podría reírse de mi y decir que no sirven para nada.

Por eso hoy en un examen de conciencia, en un momento de reflexión me he dicho a mi misma que yo no puedo, ni debo reírme de nadie, tenga las manos, el pelo, el aspecto que tenga, porque los demás podrían hacer lo mismo conmigo, porque no es ético, ni moralmente aceptable, porque no le conozco y no sé sus razones, porque meterse con los demás por gusto no te hace superior a nadie, más bien mezquino, arrogante, engreído, despreciable y yo no creo, no pienso que sea así.

En esta vida el que me juzguen sin conocerme nunca me ha gustado y yo no voy a empezar a hacerlo ahora, opinar es una cosa, juzgar otra mucho peor.


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